Hacer leña del árbol caído

Es una señal inequívoca de nobleza no hacer leña del árbol caído sean cuáles fueran las propiedades de éste, como lo es de cobardía y bajeza el apresurarse a engrosar la jauría de quiénes aprovechan la desgracia de quien antes celebraban o adulaban para mostrar ahora tan farisaica indignación ,como probablemente fuera antaño su apego. Mas una vez iniciada,la jauría ha de cobrarse la presa sin piedad para con el perseguido; tanto mas si , como suele ser frecuente, cada uno de los perseguidores se condecora con una buena conciencia de si mismo en tanto que persigue y abate a la encarnación del mal social, mientras espera beneficiarse de los favores de los poderosos con quiénes se ha alistado. Los miembros de la jauría primero esperan la sentencia del oráculo del poder a quien denominan opinión pública, luego fingen escandalizarse e indignarse como puritanas victorianas, seguidamente pronuncian sus sentencias y anatemas como jueces libres de polvo y paja y, cuando consiguen su objetivo,se relamen con las heridas del hombre ya abatido , impostados héroes civiles , y esperan obedientes , atrincherados en periódicos, televisiones y redes, la inminente voz de mando con la cual el cazador, al que sirven y del que viven , iniciará otra jauría y les arrojará una nueva pitanza de subvenciones y prebendas. Siempre dispuestos a escupir el mosquito y tragarse al sapo.

Javier Estangüi Ortega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *