Cándido y el progreso.

-«¿Es usted progresista?»-preguntaron a Cándido a quemarropa aún no repuesto del largo viaje de su siglo al nuestro.

-«Mi creador,lo era -confesó Cándido-,mas yo no se que decirle después de tanto como he trasegado de un siglo a otro .

-¡Entonces no es usted sino un reaccionario!». «No tengo mas que decirle.¡Reaccionario!.

Por el tono como le habló aquel hombre Cándido conjeturó no solo estar ante un exaltado sino que la idea de progreso bien pudiera haberse convertido en una profesión de fe. Así pues decidió indagar tal asunto siguiendo el método puesto en práctica por Sócrates en la Apología escrita por Platón. Decidió inquirir a las personas mas relevantes de la época:uno de los mas célebres Influencers (también llamados exhibicionistas), un futbolista balón de oro y el presidente de un gran fondo de inversión( también llamados fondos buitres). Todos contemplaron a Cándido como si fuera una arcaica aparición cuando este les preguntó por el susodicho progreso. «¡Naturalmente que creo en el progreso!»-respondieron cada uno de ellos zajando la cuestión sin ir más allá. Cándido,por una especie de milagro que Salamanca no da pero presta ,siquiera fugazmente, Natura o la Providencia, empezó a sospechar que el Progreso defendido por su autor se había convertido en artículo de fe., hasta el punto de que el pecado de los pecados era , a despecho de la verdad o falsedad de una idea, que quien la sostuviera fuera tachado de»reaccionario».

Son muchos, se enteró, quiénes, a falta de padres espirituales, consultan a managers de la psique o ideólogos , acongojados por poner en tela de juicio la ya vetusta fe. A la vista del envenenamiento del aire, el agua y la tierra , los intentos de convertir al ser humano en una especie de terminal digitalizada y la acelerada destrucción de la herencia cultural, muchos acólitos al Progreso sienten resquebrajarse su fe. «Son disfunciones de las facultades», diagnostican los primeros.»Recíclese y haga varios cursos de lo que sea, pues el curso de la vida es un cursillo». «Comienzas a tener tentaciones reaccionarias», reprocha el segundo con tono de amenaza. Y así , tras un palabro, una «penitencia» de consumo o algún viaje exótico, se reconduce al redil del Progreso a tales almas a punto de descarriarse . Y el Progreso sigue progresando. Y los responsables de tanta desdicha se presentan ahora como novísimos sanadores mientras promueven excomuniones y autos de fe.

«Ya se lo que es el Progreso»-bromeó Candido con inocente júbilo :una desidia, la confusión de lo nuevo con lo mejor y un juego de pídola donde el ídolo salta sobre si mismo a la par que da tabacas a la «reaccionaria verdad».

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