el despotismo iletrado

El despotismo iletrado

 

Es conocido hoy el énfasis que ponen los gobiernos en extender por dondequiera que sea los “valores democráticos” urbi et orbi. Cuando más mediocre y advenedizo es el poder más mezquinas su acciones .Y más exhibicionista y pretendidamente moralizante se torna su proceder. Pues quien no sabe, o no puede gobernar, no puede compensar ese fracaso sino con una campaña por la propagación de los “valores”. Y como hoy son tantas las mentiras precocinadas y se puede engañar a la conciencia por un módico precio, no es extraño que aquéllos que a fuerza de tácticas y añagazas hayan arribado al poder crean luego que su logro es el resultado de la más suprema excelencia, cuyo deber ahora es extender por el mundo. La psicología sabe de estas compensaciones. Se podría aventurar que, tanto peor es la conciencia real que se tiene, tanto mas la tendencia a  moralizar. Del “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”, hemos saltado al “que tu mano izquierda proclame incluso como un logro los desaguisados de tu mano derecha”.

Que de los Ministerios de Cultura provengan eslóganes como “Convivir es vivir”, “leer es vivir” o cosas del mismo jaez, indica hasta que punto, si se quiere reducir la estulticia, no se puede liberar ni dejar ociosos a los mediocres. A los muñidores de tales ideas, si no se les puede cesar, debería pagárseles el sueldo sólo a condición de que no “crearan” nada. He visto en el fondo de algunas aulas exhortaciones como: ”Debes llevarte bien con todo el mundo”, que exigirían poco menos que la santidad a quiénes las siguieran, o “no debes esconder las cosas de tus compañeros, porque no es gracioso”. De serlo, se supone que se podría  hacer.

En Francia discuten sobre la conveniencia o no de mandar deberes a los muchachos. Y, como toda discusión menor, se enconan las “posturas”. Y tan artificialmente como se crean estas polémicas, se disuelven. Bastará que algún pedagogo o psicólogo tenga la idea de llamar “tareas” o “actividades extraescolares” o “refuerzo” o “desarrollo de competencias” a los deberes, para que la polémica se disuelva como azúcar en agua. Todo con tal de no oir la  palabra nefanda: “deber”, responsable de tantas y tantas frustraciones al capricho y de tantos logros de la humanidad.

Asimismo, cuando la propaganda, la destrucción de la cultura y la corrupción moral-origen de la económica-, alcanzan su cénit, se habla incesantemente de la “educación en valores”. ¿Cómo si los valores fueran un añadido que se pudiera suministrar a discreción?. ¿Cómo si la moral fuera una entrega que un individuo hace a otro como un artículo de consumo y no algo que procede de la acción, los ejemplos y la fuerza del carácter( por cierto constantemente debilitado por una educación que busca excusas para todo y que proclama la libertad al tiempo que exonera de la responsabilidad, sólo por la cual el acto es reconocido como libre)?. ¿Cómo si una sociedad que constantemente entroniza lo vulgar y lo zafio pudiera luego formar a ciudadanos ejemplares?.¿Cómo si una pedagogía que enfatiza la adaptación de la educación al mercado pudiera hacer de la escuela el recinto sagrado donde se acoge la verdad, el bien y la belleza?.(Ideas ante, las que por cierto, sonreímos con un cinismo suficiente).

Tanto más de cerca miramos a una palabra, escribía Karl Kraus, tanto más se aleja ella de nosotros. Palabras como “valores”, “solidaridad”, “verdad”,”democracia”, “libertad” y otras tantas, deberían proscribirse .Deberíamos imponernos un ayuno de silencio.

En la fantasía existe una tierra imaginaria. A cada uno de los que naciera en ella tan solo se le permitiría emplear veinte veces cada una de esas palabras esenciales. Sobrepasado este uso ya no la podría pronunciar. Se dirá que es una censura. Si. Pero bastante mejor de aquella a que nos somete la cháchara y el parloteo de los que “educan en valores”.

 

                                   Javier Estangüi Ortega

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