Maestro y alumno
Frecuentemente se afirma que el maestro, como depositario de la tradición, encarna el pasado y el alumno el futuro. Mas esto sólo es cierto cuando el alumno llega a convertirse en discípulo y luego es incluso capaz de superar al propio maestro: lo que todo auténtico maestro anhela siempre de verdad. Al principio es el maestro quien, pese a la edad, encarna no sólo el pasado sino también el futuro,pues el alumno no suele ser sino un rehén de la moda y de la actualidad. Es mucho mas tarde cuando en ese despertar del espíritu que se da siempre cuando se encuentran un auténtico maestro y un genuino alumno donde éste,liberado de lo actual y conocedor de la tradición,puede incluso vislumbrar un horizonte mas vasto que el de aquél. Mas para que tal cosa suceda se requieren dos condiciones:la primera es que el maestro ,digno de tal nombre,no considere al alumno como una materia prima susceptible de ser tallada a voluntad, ni desee que éste piense,juzgue y sienta como el. La segunda condición requiere que ambos sean capaces de entregarse sin reticencias ni temor a esos encuentros donde jamás se cumplen las expectativas que cada uno se había forjado del otro. La vida del espíritu, como la propia vida, trunca nuestras previsiones y planificaciones, las aplaza,las desvía, nos saca de nuestros habituales rieles y casillas y, con todo, en no pocas ocasiones se nos brinda un fruto inmensamente mas rico al deseado y esperado. Y no se trata aquí de hacer una apología de lo caótico y confuso, sino de ir mas allá de esa enseñanza «programada»,incapaz de conmover ni de crear, expendedora tan solo de certificados,promociones y títulos.
Javier Estangüi Ortega
Sabias palabras, Javier. La oligarquía mundial no quiere ni maestros ni discípulos sino gestores de ignorancia y replicadores de mentiras. Eso es la estandarización de la enseñanaza que impone la UNESCO.