Gengis Kan
Uno de los anhelos de Gengis Kan fue la destrucción de todas las grandes civilizaciones sedentarias erigidas en torno a las grandes ciudades :civilización india, china, musulmana y hasta europea. No pudo cumplir su sueño de convertir la tierra en una gigantesca estepa donde vagaran errantes los magníficos jinetes nómadas de su ejército.
Nuestro actual Gengis Kan político-técnico-económico-propagandístico aspira a algo mucho peor aún:convertir la mente del hombre en una tabla rasa despojada de historia, transcendencia, tradiciones y naturaleza. Definida esta última como objeto o materia prima el hombre no sale mejor parado al ser concebido como recurso. Lo dado , la realidad , es interpretada tan solo como un desafio y un obstáculo a nuestra capacidad de dominio y de poder, una velada acusación de impotencia de cuanto aún no se ha doblegado a nuestra voluntad de control. Sólo cuando el ser humano es visto como objeto o como recurso son posibles las ensoñaciones del transhumanismo o del transgenéro. No obstante ,y pese a todo, la finitud y la muerte se erigen tercas como límites infranqueables al completo sojuzgamiento de la naturaleza que, por otra parte, abocaría a nuestra aniquilación.
Y debiera llamar la atención que quiénes se jactan de ser abanderados de la conservación de la naturaleza y quieren preservar ésta de toda devastación humana (lo cual les honra), consideren y despojen al hombre de aquélla y lo traten como moldeable a voluntad. Lo dado e inmodificable se presenta aquí como construido. Pues ese pensamiento deudor de la modernidad según el cual el hombre debe dominar a la naturaleza se desplaza ahora y se aplica al propio hombre. Y tanto da que en el ámbito social se llame control social e ingeniería, y en el individual, autonomía y elección de género. Ambos son esclavos de la técnica y de su voluntad de dominio. Y quiénes aquí prometen una naturaleza impoluta y una humanidad autodeterminada y moldeable a capricho no saben la crasa contradicción con la cual tropiezan o, si lo saben, desprecian la verdad .
Javier Estangüi Ortega
Me quedo con Gengis Kan…
Si resonáramos con la naturaleza no querríamos destruirnos, Cada día despertaríamos agradecidos y nos derramaríamos en el entusiasmo. Nadie podría arrebatarnos nuestra danza dulce e indómita.