historias que invitan a pensar 29

Historias que invitan a pensar (29)

 

En su último libro “Los hijos de los días”, relata Eduardo Galeano el concierto que uno de los violinistas más virtuosos, Joshua Bell, realizó en una estación del metro de Washington. Apoyado contra la pared, junto a la basura, toco obras de Schubert y otros autores durante tres cuartos de hora. Mil cien personas pasaron sin detenerse un instante. “Siete-relata el autor-se detuvieron durante algo más de un instante. Nadie aplaudió. Hubo niños que quisieron quedarse, pero fueron arrastrados por sus madres…El diario The Washington Post había organizado este concierto. Fue su manera de preguntar:

-¿Tiene usted tiempo para la belleza? “.

Por su parte el psicólogo Abraham Maslow distribuyó por las paredes del metro dos fotografías de la misma persona. La primera cuando era bebé (el rostro alegre, aureolado y resplandeciente). La segunda treinta años después (rostro cansado, cabizbajo, apagado). Al pie de las fotografías se preguntaba:¿Qué ha pasado entretanto?.

Sería injusto, tanto en uno como en otro caso echar la culpa exclusivamente a la sociedad que nos alista y nos ciega y cuyo deseo último es convertirnos en productores y consumidores eficaces. Ciegos y sordos, por lo que se ve, al reino de la belleza cuando, como ratas en un laberinto, corremos en pos de las mil urgencias que, decimos, nos reclaman. También hay que decir que ha pasado el tiempo, que la ilusión ha chocado con la vida y ésta última la ha moldeado, que, tal vez, haya muerto algún ser querido y que se ha descubierto que la vida, ese don que se nos ha dado, quiere que ardamos y retorcernos como hace el fuego con las formas que abrasa, y no que permanezcamos en nuestra forma original.

De la vitalidad, al estilo y, por último al alma. Porque el rostro tajado, arrugado y labrado del anciano como tierra a la que los surcos han herido, lleva como un palimpsesto las huellas de su historia. Y tal vez ese hombre o esa mujer que no se han parado ante la música, sin embargo, se recobren y abracen con ternura a los que aman. Todos dejamos pasar esas llamadas que nos hace la vida y la belleza y no por ello estamos condenados. Siempre es tiempo. El “ahora” es el comienzo de un reino.

 

                          Javier Estangüi Ortega

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