muere y llega a ser
Muere y llega a ser
“Stirb und werde” era una de las divisas de Goethe. El mismo experimentó a lo largo de su vida varias muertes y resurrecciones porque sabía que la vida entregada machaconamente a un plan, la vida dirigida tan sólo por un proyecto que avanza como un ejército ordenado con el general cerebro al frente puede ser una deserción de nuestro auténtico destino. Y por eso se entrego a esos procesos dolorosos de muerte y resurrección que tanto le inspiraron en su obra. Conocía el arte de dirigir, si, más también sabía el arte de danzar cuando ni la música ni la partitura brotaban de su voluntad sino de una fuente más profunda: el anhelo más hondo que albergaba.
En esos momentos vamos y somos llevados por una fuerza superior. Despertamos en una ciudad, ante un rostro, un jardín, y todo se troca misterioso porque misterioso ha sido la metamorfosis que nuestro ser ha experimentado. Todos sus poemas, decía, eran poemas de ocasión, es decir ajenos a un plan previo, fruto de una aceptación a lo que la vida regala y hurta como una gran marea. El no llamó “caos” a ese dejarse afectar por la realidad. La muerte estaba en la forma petrificada, en el destino que se crea a fuerza de dar la espalda a la vida. En esas tormentas en las que se bautizaba y de las que nunca salió destruido sacó lo más profundo de su creación. El daba forma, mas la forma suprema fue siempre para el la vida cuya totalidad nunca podemos abarcar.
Javier Estangüi Ortega