la dictadura de la mediocridad

La dictadura de la mediocridad

 

Menciona Bernanos dos características de la mediocridad:” la pérdida del alma” reflejada en el “pensamiento cobarde”, y el “afán por tergiversar”. Añadiré una tercera, emparentada con las anteriores:” la renuncia a la verdad”.

La “pérdida del alma” hace su agosto allí donde la acción humana está casi suplantada por los procedimientos técnicos. Es como si se considerara a las más altas facultades del alma rémoras de una época arcaica. A la vida interior le falta tensión trágica. Y, cuando ésta se da, tiene un carácter técnico: destrucción nuclear, fuga de sustancias nocivas, contaminación y, en general, fenómenos de índole similar. La poesía es despreciada y desfigurada como mera retórica y, el hombre, que ha perdido la noción de estar creado a imagen y semejanza de los dioses y se autoproclama emancipado, acaba por divinizar a los artefactos y al llamado “mercado”.

“El pensamiento cobarde”. En lugar de afirmaciones y negaciones, estadísticas y cálculo de probabilidades. No hay decisión ni acción que no tengan como objetivo el propio provecho. La confrontación y la polémica se suplen por la negociación y la conformidad; como si la única finalidad de la convivencia fuera sellar acuerdos. Agazapados en la trinchera nadie quiere exponerse. En lugar de la verdad desnuda los “acaso”. En lugar del auténtico diálogo, el murmullo, la propaganda y la maledicencia.

“El afán por tergiversar” aparece allí donde se intenta a toda costa integrar lo desconocido en lo conocido  y lo familiar. Limada ya de su “aspereza” la verdad queda reducida a un tópico ya sabido por todos. Para el mediocre aquélla, puesto que perturba su conciencia, es interpretada como fruto del resentimiento o de la exaltación y, por lo tanto, nunca debe comprometerlo ni ponerlo en evidencia.

“La renuncia a la verdad”. Propia de épocas completamente sumergidas en la “actualidad”. En aras de la moda se ciega la disposición a escuchar aquello que siempre ha estado junto a nosotros y nos constituye. De ahí que lo esencial quede relegado a una especie de presencia escondida que debe ser rescatada una y otra vez de la actualidad que quisiera cubrirlo hasta hacerla desaparecer. El periódico, la noticia, la banalidad, lo vulgar, reclaman para si toda la atención del hombre.

“El pensamiento cobarde”, “el afán por tergiversar” y la “renuncia a la verdad” se han apoderado prácticamente de todo cuanto nos rodea. ¿Es un azar por lo que nuestro país se encuentra postrado?.

 

       Javier Estangüi Ortega

 

 

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