El rumbo del poema
«Escribo sin saber el desenlace de lo que escribo.Este poema es también una caminata nocturna», canta Octavio Paz.
Frente a lo proyectado, planificado y controlado, el poema tiene algo de incalculado y azaroso como todo encuentro verdadero con otro ser humano. El navío del pensamiento instrumental mantiene siempre el rumbo de las coordenadas previamente establecidas, y toda desviación del mismo es considerada como un obstáculo a salvar. La barca del poema se detiene y se entretiene para contemplar, retrocede y vuelve a avanzar, cambia en ocasiones de curso, mas no está por completo sujeta al azar, pues el sentido de su incierta y variable singladura permanece. ¿ Y cuál es ese sentido?. Dar cuenta de cuanto nos sobrepasa, aceptarlo como un regalo que nos libra de nosotros mismos cuando en nuestro ensoberbecimiento anhelamos y creemos controlarlo todo. Ya hay incluso «gestores de sentimientos y emociones». Existe un poema del filósofo Santayana donde trata de apaciguar a quiénes en la cima y la entrega del amor se sienten desamparados y perdidos, pues en su desnudez-despojarse de los nudos-, han perdido el dominio de si mismos. Mas «los dioses que nos llevan saben mas que nosotros», escribe admirablemente el filósofo.Son necesarios los puertos y los suministros que llegan a ellos, pero también lo son las calas y las tempestades . Y esa fuerza que nos sobrepasa y solivianta al tecnócrata , donde la vida nos muestra hasta que punto el prurito obsesivo por el dominio y el control trata de privarnos de lo mas bello y lo mas trágico de nuestra paradójica existencia:los encuentros donde cada ser aparece como regalo o como maldición para el otro.
No existe aquí arbitrariedad alguna , tan solo un azar que, a la postre, se nos revela no como tal , sino como la condición a la que la misma vida , lo queramos o no, nos ha destinado.
Javier Estangüi Ortega