Monos imitadores
En la empedrada plaza del pueblo, junto a la vetusta iglesia visitada tan solo por viejucas que van allí a rezar y a encender velas votivas, y algún turista cuyo deseo es hacer alguna que otra fotografía, han levantado un iluminado árbol de navidad celebrado por los lugareños. En realidad se trata de una pirámide, símbolo esotérico por completo ajeno a la Navidad. Y a la espalda del templo está asentado ,como si fuera un árbol bien enraizado, un gran Papá Noel que, a ratos, al son de una navideña canción inglesa,suelta un cavernoso,obeso y complaciente ¡JoJoJoJo!, como si se hubiera atracado de comer una pierna de búfalo y, tras restregarse los labios con el antebrazo, lo celebrara así.
Me alejo de allí como quien se aleja de un territorio ocupado por un invisible ejército que avanza inexorable y al que nadie hace frente. Halloveen ha orillado al día de los difuntos. Nuestros jóvenes cantan y chapurrean en inglés, pues cifran su suerte-ellos no son los responsables-, en ser meros monos imitadores, como escribió en su tiempo Dostoievski refiriéndose a esa ridícula aristocracia, acomplejada e ignorante de su propia cultura que ,para distinguirse ,daba trompicones en un francés, hazmerreir de los franceses cultos.
Pensaba en esto cuando he llegado al mar y, casi sin darme cuenta, me he oído tarareando una vieja copla, vergüenza para mi adolescencia de antaño. En las entrañas de lo profundo de lo hondo , protegido por los míos ,talismanes para exorcizar el ídolo, he hecho un voto de juramento:no seré jamás un mono imitador.
Javier Estangüi Ortega