carta abierta a Andrea Fabra Fernández, dipitada del PP

CARTA ABIERTA A ANDREA FABRA FERNÁNDEZ, DIPUTADA DEL PP

 

Hija de tu padre:

         Te trataré de tú porque únicamente trato de usted a las personas que me merecen algún respeto. Como no me gustan las medias tintas, quiero que sepas que no estoy acostumbrado a perder el tiempo con gentecilla. De hecho, cuando termine esta carta, olvidaré por completo que existes. Mas hoy hare una excepción. Porque los que no somos de vuestra guisa, aunque estemos en el banco de los “sin Dios”, tenemos nuestro corazoncito. Incluso con las que como tú representan la insignificancia. Y no por otra razón comento ese inclemente “¡que se jodan!”, que lanzaste desde el burladero del escaño cuando tu partido anunciaba el recorte de las prestaciones por desempleo. La ordinariez no me asombra. De casta le viene al galgo. Y que tú seas parlamentaria, tampoco. En un ambiente inmoral y corrompido la mala calidad moral da para eso. Es evidente que estamos en una sociedad construida de tal manera que para descollar en política es preciso mentir. Vivir en el autoengaño. De ahí tus estrambóticas coartadas para eludir la flagrante responsabilidad. O la impermeable conciencia de tus compañeros de coral, que lejos de cesarte inmediatamente, juegan a la gallinita ciega. Por no comentar la actitud de algunos tertulianos (los rascanalgas de la renta asegurada), ni de canales como Intereconomia, prestos a hablar de las ninfas del Manzanares con tal de que algún ministrillo les dedique los minutos de la basura. Pero no quiero abrumarte hablándote de lo que no sabes, que daría para mucho.

Hoy el momento exige espontaneidad. Razón por la que con toda franqueza te digo que si el improperio hubiese sido dirigido a la bancada socialista, te hubiera catalogado como una mal hablada sin más. Que entre el partido de los ricos y el de los enriquecidos yo no me meto. Huele a mofeta.  Porque a mí, ya ves, los diputados me parecéis una especie de lodo con mal olor. Y eso inspira poco. Si ahora cojo la pluma es porque me jode que una niña de papá como tú, una negada que debe su éxito al dedo, así fuiste senadora y eres hoy parlamentaria, no sepa refrenar sus palabras. Y cuando debes afrontar las consecuencias del a lo hecho, pecho, tampoco tienes la dignidad de arrostrarlas. Claro que, estando donde estáis, la dignidad no es vuestro fuerte. Te haría bien integrarte en algún colectivo elevado. Sin embargo, desde el punto de vista escénico, puede que te hayas ganado la confianza de los compañeros de cartel, y de no ser más que sobrera en el Parlamento, por así decirlo, se te hayan abierto todos los toriles. Quizás ya puedas ganarte la vida sin ayudados. Como verás, la faena puede haberte salido redonda en todos sus apartados. Evitar que te devuelvan al corral en la próxima legislatura no es moco de pavo. Extendiendo la metástasis a todos los escaños del PP has acreditado divisa. Enhorabuena. A todos. Porque de la misma manera que a tu progenitor le toca tanto la lotería, a nosotros nos ha tocado contigo. Cada vez te pareces más a tu padre. Es tu sino. Me preocupan, eso sí, algunas querencias. ¿Por ser hija de quien eres?. Tú, más que nadie, debieras estar inmunizada. Y saber que el presunto que te cayó en suerte no tiene remedio. Puede que le enchiqueren. Así que busca amparo en trabajar de algo, y con la fortuna de que hace gala vuestra saga, quizás no necesites amorcillarte en las tablas parlamentarias para vivir del cuento.

         Yo no te voy a pedir que dimitas. Sería como apelar a tu nula vocación. Me gustaría eso sí, que no sueltes más gañafones buscándonos la taleguilla. Pero si nos quieres tocar los huevos, están a tú disposición.

 

Carlos Estangüi Ortega

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