La fraternidad del barro.
Existe una fraternidad de la camadadería y otra de la amistad. También la de las criaturas a las que la fe en Dios padre les hace considerarse como hermanos. Mas hay otra que no reposa tanto en el origen como en el destino compartido por todos los hombres. Se suele vislumbrar en la contemplación de los astros, la montaña o la visión de la vastedad del mar. Y se revela definitivamente cuando reparamos en nuestra condición de mortales, expresión empleada por el magnífico e imperecedero teatro griego clásico para referirse a los hombres. Los «mortales», esto es, los hombres, bajo el resplandor de los dioses , los «inmortales».
La víspera de una batalla , un general vió llorar a Jerjes (el mismo cuya soberbia mientras navegaba bajo una tempestad había ordenado azotar al mar).El general le preguntó si lloraba por los muertos que caerían al día siguiente en el campo de batalla. A lo cual Jerjes respondió» Lloro porque ninguno de estos valientes existirá dentro de cien años». Por azar o por destino el tiempo nos ha vinculado con todos nuestros contemporáneos. Y ,como Jerjes, observamos los seres con quíénes nos cruzamos sabiendo que ni ellos ni nosotros viviremos dentro de cien años. Entonces sentimos una profunda desazón por no haber estado mas vinculados entre nosotros. Sentimos los estragos causados por el olvido de nuestra condición de mortales y anhelamos la fraternidad del barro.
Javier Estangüi Ortega