lo inevitable

Lo inevitable

Es cada vez más común equiparar sucesos del mundo natural como “erupciones volcánicas”, “terremotos”, “tsunamis”, etc, a acontecimientos del mundo humano. Así se habla de “explosión demográfica”, “explosión nuclear”, “leyes de mercado” o “tsunami financiero”. Con lo que, en realidad, se quiere subrayar la inevitabilidad de éstos últimos. ¿Quién puede ser responsable de algo que posee las características de una ley natural?. Esta civilización que a través de sus logros técnicos lucha denodadamente contra lo inevitable de la muerte, convierte una y otra vez en fatalidad lo que no son sino acciones emprendidas y ejecutadas por seres humanos y los exonera así de responsabilidad alguna. ¿Es de extrañar que, aquí y allá, todos los gobiernos declaren con la machaconería propia de un feriante que las medidas tomadas para hacer frente a la crisis-interpretada por cierto como un alud que se nos ha venido encima-son las únicas posibles?. La realidad manda y, la realidad, se nos viene a decir inadvertidamente, elimina en los asuntos humanos cualquier posibilidad que no sea aquella impuesta por los poderosos. Mejor hacer creer, incluso contra el propio orgullo, que el avión va dirigido por un piloto automático a que la tripulación pueda advertir que los que comandan la nave los llevan a lugares indeseados. Y así, a la vez que aumenta la miseria, la desigualdad económica y la injusticia, aumenta también el sentimiento de indefensión y de impotencia; y viceversa. La creación de basura, la creación de hombres “superfluos” , o de hombres que deben reciclarse como los desperdicios, exige a su vez la creación de desamparo e impotencia. Y tanto más crecen una y otro tanto más “inevitable” llega a ser lo evitable, hasta que, por último, sólo queda lo inevitable: la suerte de los animales conducidos a la esclavitud y al matadero.

 

Javier Estangüi Ortega

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