¿corre Cataluña hacia la ruina?

¿CORRE CATALUÑA HACIA LA RUINA?

 

Correveidiles gaceteros, trepas quintañoñas y arribistas barriobajeros se erigen en el hada madrina de una clientela deprimida por la crisis, y para jugar al despiste, llenan de promesas la comarca. Aventurar grandes vendimias, prometer dar trabajo a todo bicho viviente en la siembra y en la molienda o comprometerse a repartir mucho trigo cuando el silo está vacío, es más propio de una chirigota que de dirigentes responsables. Nacionalistas ávidos por conseguir renombre van de pueblo en pueblo rememorando los cómicos de la legua. Jesuseando por todas las circunscripciones regalan palabras de honor, milagrean a su antojo e intentan formar así comandos de simpatía. Si son reiteradas, una generosa batida de mentiras, suele dar sus frutos. Favorecedores del cambaleo y la tramoya reparten biblias del independentismo por doquier. La conspiración castellana da mucho de sí. El crisol del descontento prende fácilmente en una población pauperizada. Las crisis despiertan todas las fiebres del mundo.

 

El 7 de septiembre de 1640, Francesc de Tamarit y Francesc de Vilaplana, en calidad de representantes de la Generalidad de Cataluña, mediante el llamado pacto de Ceret firmaron un acuerdo con el cardenal Richelieu, representante de Luis XIII de Francia, por el que Cataluña se separaba de España y se constituía como república libre bajo la protección de Francia. Aunque por poco tiempo, Cataluña fue independiente. Como resultado final Francia ocupó las tierras transpirenaicas de Cataluña, que nunca habrían de recuperarse.

 

         Confundir los sentimientos con la democracia es confundir el culo con las témporas. Por mucho que uno vote ni podrá rescribir la Historia a su antojo, ni decidir su lugar de nacimiento, ni cuestionar, incluso por mayoría absoluta, la ley de la gravedad, aunque los intereses ciertamente graviten. Por eso apela el nacionalismo a fuerzas históricas anónimas cuando no al RH. Y para hacerle participar de una lucha común tiene necesidad de inventar un elemento de coerción: el enemigo exterior. La controversia despeja el camino, satisface la demanda colectiva de los previamente adocenados en los barrios bajos del interés mas prosaico. El contable sustituye al ciudadano. Todo se reduce a una especie de haber sin debe. A hacer números. Los catalanes no se cansan de escuchar consuelo. Todos los discursos oficiales sintonizan con el descontento general. El ultimatismo se convierte así en un hermano siamés que empuja en el vientre al siguiente chantaje.

 

         Por el camino más corto, lejos de curar la enfermedad el nacionalismo pretende, como un ilusionista, cambiarla de lugar. Alude al déficit fiscal, pero omite el superávit comercial. Anhela la disolución patrimonial, pero elude referirse al pasivo. Pretende nacer en Europa, pero moriría para Europa. Salvo que de la presencia del jefe de la Casa Real en la conferencia de Artur Mas en Madrid se pueda inferir, yo no lo descartaría, un tránsito hacia un Estado y Hacienda propios bajo el paraguas de la monarquía Juancarlista. Con la complicidad de los partidos mayoritarios. Única forma de permanecer en Europa.

 

 

 

 

 

Fdº.: Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España

 

 

 

 

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