los responsables del secesionismo

Los responsables del secesionismo

 

Desde la aprobación de la Constitución que intentó disolver el problema vasco y catalán diluyéndolo en otras tantas comunidades autónomas-en realidad multiplicándolo-la casta política, cuya alternativa para los españoles no ha sido más que elegir entre una plaga y otra, no ha hecho sino exacerbar el problema que pretendió resolver. El resultado ha sido devastador: una nación arruinada, una sociedad civil absolutamente inerme e indolente, una educación  en manos de pedagogos que no enseñaban nada mas que “aprender a aprender”, devaluada por completo en sus contenidos y cuyo resultado ha sido la llamada “generación del botellón” y, como se dice ahora del “ni..ni”, una justicia doblegada y a merced de los intereses del poder, una proliferación de “medios de comunicación” que constantemente cumplen la labor de aturdir y convertir tanto la frivolidad como la trivialidad  en noticias de relevancia, una pseudocultura que ha  elevado la distracción y la ocurrencia a la categoría de arte y una situación en que la propia nación puede ser resquebrajada.

 A los mejores jóvenes de nuestro país se les exhorta a marcharse como si fuera una oportunidad lo que no es sino un empujón que los expulsa en un penoso intento de buscar un trabajo, o ampararse en un lugar en que puedan proseguir sus estudios o, simplemente, alejarse de un país que ha decido suicidarse decidiendo celebrar como un logro la exportación- sin otra contrapartida mas que su propia ruina- de los mejores. Da la impresión de que la clase política ha subordinado el bien de su país a la conservación de sus intereses, prebendas y sistemas clientelares. Y da la impresión de que antes de ceder siquiera un ápice en sus intereses dejarán  que se hunda la nación sin mover un dedo. Por eso hay que decir que la primera secesión y más importante ha sido y es la de la clase dirigente para con su propia nación. Y es esa secesión la que ha propiciado, alimentado y alimenta  a las otras.

En realidad la secesión y un consumismo irresponsable son lo único que este sistema ha fomentado: secesión con respecto a la vida pública y a la cultura, secesión con respecto a la justicia, secesión con respecto al sacrificio y al compromiso , a la belleza y a la verdad.

Al mismo tiempo que se publicita como nunca-dime de lo que presumes y te diré de lo que careces- la tolerancia, la solidaridad y el respeto, se actúa de tal forma que todo se subordina al dinero y la economía. No asombra ni escandaliza el hecho de que tanto los secesionistas en Cataluña y Vascongadas como sus detractores  esgriman razones económicas para justificar su conducta. Se trata exclusivamente de saber si aumentaría el bienestar o no en el caso de la que la secesión se consumara. Se trata de convertir una nación en un libro de contabilidad.

Los que han fomentado y fomentan el antagonismo, el resentimiento y el odio para alcanzar sus objetivos, así como aquéllos que con tal de acceder al gobierno de su país han pactado con ellos, son los responsables de esta tensión y esta constante afrenta en que viven algunos españoles que aún, y pese a todo cuanto se hace para desmoralizarlos, no han abdicado en su conciencia.

El todo de cualquier nación es mucho más que la mera suma de las partes. Sólo falsificando la realidad se puede abstraer una parte. Nadie puede explicar la realidad de una región haciendo caso omiso de las otras. La Italia del norte es más rica que la Italia del sur, como ocurre prácticamente en todos los países; mas esa riqueza no es explicable por si misma. ¿Qué nos parecería- como me indicó mi hermano-que el barrio de Salamanca-mucho más próspero que el resto de barrios de Madrid- reclamará que los impuestos que paga revirtieran  exclusivamente en él y no en los barrios del sur ? .Nos parecería que el egoísmo, la mezquindad, la desvinculación con la suerte de los demás se han erigido en nuestros guías.

Las crisis brindan la posibilidad de fenómenos de catarsis y de transformación, mas también son ocasiones de búsqueda y persecución de chivos expiatorios. Podemos reaccionar como madrileños, catalanes, asturianos, vascos, o reaccionar como hombres. Entonces sabremos que nuestra dignidad no está en ser autosuficientes, ni autodeterminarnos , ni ser independientes (tan solo Dios, si es, puede ser todo esto). Y en lugar de perseguir esos endriagos y huir de una casa en ruinas, podemos alegrarnos precisamente por nuestra dependencia de la suerte de nuestros prójimos y vincularnos a ellos, como lo estuvieron nuestros antepasados, en la tarea de reconstruirla.

Tal vez haga falta como requisito previo el que el jefe del estado y quiénes nos gobiernan, para salvarse de su hundimiento, no caigan en la ignominia que sería conceder de facto lo que no se culminaría de iure; esto es que de espaldas al pueblo español y de puntillas un inquilino abandonara sin responsabilidad ni consecuencia alguna la casa, simulando que la habita , y dejará al resto las ruinas y la hipoteca.

 

Javier Estangüi Ortega

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