De España en el corazón
España en el corazón
Así tituló César Vallejo un libro de conmovedores poemas. Las metáforas en torno a España han sido muchas. Por mi parte me quedó con dos: la de León Felipe que habla de “la España del éxodo y del llanto” y la de José Bergamín y su “ España peregrina”. Ambas, al hablar del pasado han tenido, sin embargo, un carácter premonitorio. No se trata ya de la sangría de la guerra civil y el destierro al que fueron condenados muchos españoles, sino de una especie de maldición recurrente al que parece estar condenada nuestra tierra en virtud de la cual los mejores de sus hijos, los más fecundos, son inexorablemente orillados y excluidos por las camarillas dominantes.
Por eso mismo es difícil en España ser patriota de verdad sin amar y odiar al mismo tiempo. Amar a quiénes han dado lo mejor de si mismos a una tierra que los ha encarcelado, orillado, desterrado, condenado casi a morir de hambre. Amar a un libro, a una figura que se encarna en España cada siglo: el quijote que parece muerto para siempre y, no obstante, es inextinguible. Odio a quiénes hacen del transcurso de un pueblo por la historia tan solo una historia épica y hacia quiénes quieren convertir una nación en una marca, el balance de una economía. Patriotismo de saldo del que saca tajada y habla de “la marca España” con el orgullo del mercader que enarbola como bandera un libro de contabilidad.
Y luego la alquimia buena que transforma el odio en tristeza y ésta de nuevo en esperanza y en amor: a nuestra tierra y, a su través, a nosotros mismos. A pesar de todo, o precisamente por eso. Pueblo paradójico. También como profecía, dejó escrito uno de sus poetas, Antonio Machado:”
Vendida fue la puerta de los mares y las ondas
del viento entre las sierras, y el suelo que se labra, y la arena
del campo en que se juega, y la roca en que yace el hierro duro,
sólo la tierra en que se muere es nuestra”.
Javier Estangüi Ortega