la enfermedad y la culpa
La enfermedad y la culpa.
Según una reciente ley se descontará el 50% por ciento del sueldo a los funcionarios durante los primeros cinco días que enfermen-(se sobreentiende que con parte médico inclusive, para despejar la objeción de absentismo laboral)- y el 25% por ciento del quinto al vigésimo día. Es obvio que estos descuentos serán efectivos durante el período de convalecencia necesario para cualquier enfermedad que no sea muy grave, es decir, la mayoría de ellas.
Cuando a Miguel de Unamuno le preguntaron por el sistema político que regía en España, contestó sin titubeo alguno:” Una Cléptocracia”. La casta política se ha legitimado endeudando al Estado, a las Comunidades autónomas y a los ayuntamientos, se ha enriquecido y financiado y no ha pagado precio alguno mas que la cuota de poder que ,tras las elecciones, se reparte de forma diferente. La llamada “crisis” está enseñando en propia carne a los españoles que la corrupción no es algo accesorio, sino parte constitutiva de este sistema: subvenciones, falta de separación de poderes, listas cerradas, fagocitación de la sociedad civil por el Estado, pactos sin escrúpulos con tal de mantener el poder y, como telón de fondo, el imperativo catégorico de lo que podría muy bien ser llamado el único principio del hombre sin principios , según el cual:”¡Todo es negociable!”.
La dignidad no lo es, y la fragilidad del ser humano y , en ocasiones, su condición de valetudinario, tampoco lo son. En algunas civilizaciones se interpretó la enfermedad como un castigo de los dioses, una expiación. Otros pensaron que en algunas de ellas se redimía una culpa inconsciente. Este sistema sencillamente la trata como un débito del enfermo hacia los demás. El enfermo debería avergonzarse de su debilidad, de no rendir sin descanso ni desmayo y de, aún a costa de su propio malestar, sustraerse al trabajo cotidiano. Esta es la filosofía de los campos de concentración que consideraron una rémora y un desecho a los débiles y a los enfermos, con la ventaja de que no se maquillaban el rostro con el cumplimiento de derecho humano alguno.
Y no se trata de un enfado por el peculio. Lo que se ventila es mucho más grave que esto. Se trata de que una medida como esta, que se arbitra, junto con otras, se nos dice, para salir de la crisis, hará realmente tres cosas: nos envilecerá a todos, no nos ayudará a salir más que de nuestra conciencia y mostrará sin tapujo alguno el antes velado sueño del poder: doblarnos a todos el espinazo, rodearse de esclavos.
Javier Estangüi Ortega