Ven y cuéntalo
VEN Y CUÉNTALO
Ese era el lema con que se nos invitaba a visitar Euskadi cuando gracias a ETA la sangre chorreaba por sus calles. Porque en España la ciencia ficción es incapaz de agotar todos los imposibles. Aquí, desde el año de la nana, los paladines del insólito son legión. Todos se quieren salir del muestrario por el camino del ente propio. Y en épocas de crisis, tan pronto como el estado del bienestar deja de hacer sus pinitos, cuando el dinero tiene sed, a los de CIU, que les gusta el parné más que a la banca y al comercio, les da por hacer uso de la abiltada palabra. El árbol del independentismo no crece si no se le mece, dicen quienes no se conforman con un papel telúrico. Pero hay argumentos que en cuanto los desatas, especialmente entre los herederos del endeudamiento y productos asociados, pueden devenir en un pueblo Potemkin de Tarots Cábalas Roviras. Crecidos entre las unidades acorazadas del dogma nacionalista, privatizado su espacio, se les invita a los niños a que pierdan contrastes para alcanzar el Edén. Primero separas las aguas del Ebro, haces que se tambaleen los principios compartidos, y cuando ya has logrado contaminar los corazones, chasqueas los dedos para que los adoctrinados queden uncidos con el don moral especial de ese microclima reservado sólo a elegidos. Y tú, que te crees que son capaces de sentir muy hondo, y ellos, que se creen canela en rama, como no se conforman con unos juegos educativos ni con un pequeño tiovivo para seguir mareando, hacen que la singularidad tenga que pasar por caja. Lejos de apagar el gas, a ver si no es para mosquearse, los gobiernos de turno completan la ecúmene de transferencias sin ritos constituyentes de iniciación. El colmo es que los nacionalistas, sintiéndose merecedores de ameritar algo más, exigen que el desprevenido espíritu nacional acepte de una sentada las demasías del Palau y otras que puede haber. Así, sin estrenar la mopa, CIU va a poder limpiar su pocilga. Entretanto el Gobierno, oculto entre cortinas de humo, con el cagón de la zarza al frente, en cuanto asoman los problemas del mundo autonómico cierra las cuerdas vocales de par en par. Ni chista ni mista. Y cuando quiere dar muestras de cierto empuje pampea más que un argentino. Alude al rayo vengador de la Constitución, opone la esgrima del blablablá de la UE, o como en el programa de fútbol “el día después”, esparce dudas en todas las direcciones. Encaje de bolillos. Porque de esos tres sabuesos ninguno caza.
La familia de olvidados, el resto de los españoles, andamos de tristeza en tristeza dándonos de topetadas. Habrán de pasar muchos peregrinos por la Moncloa, sonar muchas palabras mayormente hechas para ser expresadas en la calle, hasta que nos dejen de hacer la santísima. Al menos eso pensaba antes de oírle decir a Rajoy: “ahora me toca batear a mi”. Como si abandonara el banco de la paciencia, se levantó el susodicho con las facciones desencajadas, encaminó sus pasos hacia Arthur Mas y cuando quiso hablar… este gritó: “¡¡Independencia!!”. Y obtuvo el pacto fiscal.
Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España