sobre la delectación

Sobre la delectación

 

La palabra “delectación” proviene de la palabra latina “delectare”, y esta última, a su vez, se deriva de “lactare”, amamantar. La sabiduría profunda de la lengua nos recuerda como existe una nutrición del alma. Son conocidas las representaciones pictóricas de la Virgen y de las Musas que con los senos desnudos amamantan a teólogos y artistas respectivamente. Hambre y amor sacia el seno de la madre, según dejara escrito Freud. Luego, ambos instintos se separan y prosiguen su destino por caminos distintos, añadía. Mas no es así: se diferencian, nunca se separan. En lo profundamente espiritual anida lo carnal. La mirada arrobada, el escalofrío que recorre la columna vertebral, la boca que se hace agua como si comiéramos una fruta, son vivencias que acompañan al deleite artístico. En la palabra viva, en la obra lograda que se sustrae al encorsetamiento de las academias, está el amor y el alimento. Una palabra que no cobija ni alimenta, es una palabra estéril. La palabra del poeta anhela ser eucaristía: sacramento y alimento a un tiempo. Y llamamos amistad a esa hermosa relación mutua en la que tras el encuentro con nuestros amigos nos llevamos sus palabras y nos sabemos acogidos y alimentados: deleitados.

 

                            Javier Estangüi Ortega   

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