de nuevo sobre la poesia
De nuevo sobre la poesía
Retomo unas estrofas de Arthur Rimbaud. Una dice así :”¡ Qué venga el tiempo, que venga,/ en que las almas se prendan!.
La otra:” He tendido cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas doradas de estrella a estrella, y ahora danzo”.
Aquí la tarea del poeta es como la tarea de la costurera, sólo que el poeta une lo que parecía separado por medio de un hilo de oro. No se trata de sumergir la conciencia en “el sentimiento oceánico de vida” , sino de alcanzar una conciencia más alta por medio de la cual se pueda experimentar cuanto vincula a unos seres con otros. De ahí que la metáfora y el símbolo sean los medios de expresión de la poesía. El símbolo, cuya etimología procede de reunir, justamente como lo opuesto a lo diabólico, esto es, lo que separa. El problema de lo Uno y de lo Múltiple, de lo simbólico y de lo demónico . En la absorción de lo múltiple por lo Uno hay un acto de violencia por medio del cual mutilamos la diversidad el mundo, mas también la hay en el olvido del origen común a todos los seres, en esa separación que corta los puentes entre unos y otros. Me parece que todo poema realmente logrado es morada de una reconciliación entre la diversidad y el origen; de ahí que el poema posea una fuerza sacramental. No abole las diferencias, mas es siempre un recuerdo de la presencia del manantial en la fuente. No define, no describe: evoca. Por eso mismo, como en la mejor música, no se extingue, continua su obra en el silencio al que convoca y adviene justo después de que ha dejado de sonar, cuando ya ha sido leído.
Javier Estangüi Ortega