sobre la poesia
De nuevo sobre la poesía
El poema nos lleva a una forma de sabernos y experimentar el mundo velada por las formas mercantiles y técnico industriales que hoy prevalecen en nuestra visión teórica de la realidad y son sancionadas por la propia concepción del tiempo histórico.
El poema nos hace revivir el misterio de los seres. En él coinciden a un tiempo lo prístino y lo inmemorial de lo eternamente recurrente. El poema nos conduce a un comienzo que resuena, por decirlo así. Niño de siglos, el poeta es símbolo del arquetipo del niño-anciano. En él se hermanan la inocencia y la sabiduría. Rinde culto a la memoria, que es su Musa, y a la vez, al tiempo primordial del nacimiento y de la creación. Todo poema es ,a la vez, arribo y despedida, morada y destierro. Tiempo circular donde, sin embargo, nada se repite y en el que “llevar la palabra el punto cero”, como pedía José Ángel Valente, es también abocarla a su destino, a su cumplimiento. Origen liberado de la hojarasca de las fechas, más acá del tiempo y de la historia, y que nos lleva al sentimiento de ser el primer Adán sobre la tierra. Memoria que no pesa ni cansa. Despierta en el alma una llamada. ”¡Ven al hálito!”, exclamaba el poeta ya mentado. Y al cantar así decía lo que lo que enamorados se dicen en silencio.
Javier Estangüi Ortega