nosotros, los de entonces

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

 

Los tirori-tirori-tiroritoti-tirori-tirori…. junto con la marcha de los estudiantes de segundo de derecho formaron parte del gran repertorio de música pachanguera con que anticipábamos nuevas efemérides. Las ilusiones se movían como si estuviesen vivas. Luego de cuarenta años jugando al escondite,  formateado el antiguo, íbamos a reiniciar  un nuevo sistema político. La democracia había llegado para quedarse. A través de los partidos, los portadores de la optimización ciudadana, que no se andaban con remilgos, en mitad de la noche y sin que lo supiéramos,  registraron una nueva dirección IP a la que llamaron Constitución. Faltaba resetear. Así que haríamos una vida en blanco del pasado, y convertidos ya en inválidos emocionales, como la vara de un mago, la nueva hoja parroquial aplacaría incluso a los hombres más nerviosos del mundo, que en nuestro país solían ser los militares.

Para legitimar la jeremiada bastaría utilizar a un mentecato vestido con el uniforme del cuerpo que luego de embestir al parlamento gritase desde la platea un “¡¡cierra las Cortes!!”. Alguien tiró de la cadena de mando. Las malas pulgas dependían de unos platirrinos que se tocaban el cipote en el destacamento, supeditados estos a las acémilas que obedecían a fieras corrupias mandadas por alimañas con el colmillo retorcido al servicio del faccioso megaelefante rojo y gualda, ejemplar que pertenecía al (siga la línea de puntos)…….. ZOO. Sea quien fuere, lo cierto y verdad es que las especies intencionales debían tener un cerebro rudimentario. Parecido al del hombre de Java. Y aunque las malas lenguas dicen que obraba de consuno, más por defender sus intereses que por nuestros merecimientos, porque en la transición ni nos habíamos despeinado, su vitalicia, católica y apostólica Majestad, en un alarde de buen reinar, empuñó desde el puesto de mando el majestuoso cetro, dibujó el perímetro de Suiza con la regia mano, y ante la curia regis, con augusta voz, severo porte y testicular mirada ordenó terminante: “cada tricornio a su cuartel; el vodevil ha terminado”. Y abortó la militarada. Sin conocernos, ¡qué nobleza la del Rey Católico!. A partir de ahí, los ciudadanos españoles, aunque no lo sabíamos, nos hicimos monárquicos. La monarquía velaba por nosotros. God save the favorecedor King proclamaban al unísono dirigentes del PSOE y del PC. a cambio de unos perdones por los desaparecidos en las cunetas, preteridos hoy por la augusta tarea de algunos buscadores de estatus.

Aunque la democracia que estrenábamos era poco más que un gorgojo, prometía. Sólo faltaban algunas cabildadas más. Los hombres de paja, para salvar la balanza comercial de las siglas, debían dar cobertura en su estuario a cuantos más mejor. Al abrigo del espigón del partido se fraguó la organización autonómica. Todos buscaban reproducirse y perdurar. Nadie quería quedarse sin su coima. Las expresiones propias de la vida del hampa cobraron vida. La nomenclatura, flexible y benemérito cuerpo, prevaricaba. Así, sin dar tiempo a que se plateasen sus sienes, nuestra estrenada democracia parece ya Matusalén. Se ha retratado. Está dominada por los fungibles. Las relaciones personales han sido sustituidas por las contractuales.

Miss Amnesia de Cospedal, virgen de memoria, suelta como una adventista la retahíla de engatusadores truquitos memorizados en serie. De la cuenta del meollo, más abultada que un suplemento dominical, nadie recuerda nada. Pero mientras el PP gobernaba, sin al parecer negocio alguno que la fecundase, dicha cuenta engordaba como un pavo en Navidad. En una ficha, y al parecer sin ton ni son, aparecen los nombres de Rajoy, de un senador del PP y de algún otro elemento. El abogado del ínclito Bárcenas nos explica que los bancos suizos suelen consultar a la alcahueta de Google, y en una especie de corta y pega, transcriben datos de las personas relacionadas por c ó por b  con el beneficiario de la susodicha cuenta, que parece desbordarse con tanto guarismo. A renglón seguido, a través del diario El Mundo leemos que Bárcenas, quien sabe si para darse pote, arrojaba dinero hasta por la ventana. Rimbombancia que no falte, que si hay delito no hay hampón si la petición de indulto pasa por Gallardón.

Felipe Gónzalez se enteraba de los escándalos por la prensa, del GAL por el procesamiento de sus allegados y de su política por el BOE. Aznar juraba y perjuraba que en Irak había armas destrucción masiva y Rajoy, cuando se entere de algo, dice que no le temblará la mano. Porque en cuanto al devaneo de los sobresueldos está a la altura de sus antecesores.

Ante tanto hecho consumado ya sólo falta la Fronda.

 

 

 

Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España

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