Deudores o acreedores.
Si prescindimos del ámbito económico y nos centramos en las distintas actitudes con respecto a los demás y al mundo, creo que los hombres, como tipos límite, pueden clasificarse en deudores o acreedores. Los primeros saben que al venir al mundo no sólo la vida les ha sido dada, sino también la lengua materna, los cuidados esenciales, la ternura, todo un acerbo cultural ;para no mencionar toda clase de dispositivos y utensilios que emplearán en su vida. Así, la actitud esencial , pese a las vicisitudes, contratiempos y desgracias que puedan experimentar en el transcurso de aquélla , es la de una profunda gratitud. Uno mismo sabe que jamas podrá devolver todo cuanto le ha sido dado. No solo porque muchas veces no podrá restituir a los donantes lo regalado , sino porque la riqueza de lo dado excede con mucho cuanto uno pudiera realizar en el transcurso de una sola existencia, tampoco en cien. Es cierto que, en ocasiones , si el sentimiento de deuda pesa como una losa, el agradecimiento puede trocarse en culpa y mala conciencia y, en algunos casos, corroer a la persona hasta destruirla. Sin embargo esto raras veces sucede y la gratitud,la admiración y veneración hacia quiénes nos han regalado:sean padres, hermanos, amigos, maridos ,esposas, maestros, o la vida misma ,permanecen incólumes hasta el fin de los días.
Otra cosa sucede con quien se siente ante todo acreedor. Siempre sujeto de derechos y reivindicaciones, malhumorado y resentido contra el mundo y los demás, percibira los regalos y los dones recibidos como justos pagares a su magnífico Ego; pues la misión de los demás es resarcirle de la deuda que, por el hecho de existir,la vida ha contraido con el. El niño mimado, el rebelde a toda costa , quiénes desean convertir sus caprichos en leyes, son claros exponentes de esta actitud.
El que hoy apenas se sea consciente de cuanto hemos recibido, se ignore o no se acepte lo dado, y todo sea susceptible de interpretarse como un constructo, muestra hasta que punto somos ciegos y desagradecidos. Pues el «self made man» no existe mas que en nuestra quimera de omnipotencia. Esta bien mirarse de cuando en cuando el ombligo si con eso reparamos en que no es sino una huella, la marca indeleble de que ya, antes del nacimiento, estuvimos carnalmente vinculados y nacimos deudores de por vida, por mucho que se nos deba.
Y si se nos ha olvidado el placer de regalar, al menos podríamos pedir, como Lezara Lima , un regalo para regalar, y eso está siempre en nuestras manos :basta con ser transmisores.
Javier Estangüi Ortega
Excelente reflexión, Javier. La gratitud nace de nosotros cuando cuidamos de quienes tenemos cerca, siendo entonces cuando valoramos todos los cuidados que hemos recibido, cuando vivimos enlazados a la cultura y la tradición. El individualismo nos lleva a romper con todo lo importante y creernos semidioses con derecho a autorrealización y al éxito social. La frustración y la exigencia permanente son inevitables.