La mentira se agrieta, nuestra obediencia no.
Para quien tenga la más mínima inquietud en recabar información y no tenga el juicio completamente obnubilado por la propaganda, se le van haciendo cada vez más patentes las contradicciones, los engaños, las incesantes hipótesis ad hoc a las que recurren los gobiernos para tapar sus reiterados vaivenes y coartadas exhibidos con el fin de someter y controlar a la población.
A mi juicio, con todo, el asunto esencial es el de explicar las razones de nuestra sumisión al margen de nuestro natural temor a la enfermedad y la muerte. Al respecto creo que ante todo han influido decisivamente tres factores que se retroalimentan
1) El gran prestigio de que gozan en nuestras sociedades los expertos. Basta con presentar cualquier conjetura como científica en boca de un experto, sea cual sea la calidad de éste, para que inmediatamente ésta sea creida como dogma de fe.
2) El segundo factor clave ha sido creado por medio de la ingeniera social y las «subvenciones» ( en este caso sería mas apropiado denominar sobornos) a los llamados «medios de comunicación», encargados de no dar voz alguna a los disidentes y de repetir machaconamente las mismas consignas. Así han logrado hacernos identificar la ciencia con la opinión de algunos científicos , mientras quiénes sostenían otras teorías eran condenados al ostracismo. Sabemos, además, que una de las técnicas del lavado de cerebro es tanto reducir lo complejo a lo simple como repetir hasta el hartazgo los mismos eslóganes.
3) nuestra desconfianza en nosotros mismos y en nuestra propia naturaleza. La tecnosfera en que vivimos , cuyo impulso es ser cada vez mas absoluta hasta abarcar todas las manifestaciones de la vida, ha inoculado paulatinamente en nosotros la idea de que la misma vida sería imposible sin la asistencia técnica. Valetudinarios, débiles, enfermos vitalicios, sin confianza alguna en la vida, ha hecho carne en nuestra mente la necesidad de dependencia absoluta a toda clase de dispositivos y prótesis. Nuestro sistema inmunológico , eso creemos ya, sería muy vulnerable sin el auxilio externo de toda clase de fármacos. Nuestra percepción e intuición, se nos pregona, tienden a ser engañosas si no las corregimos con la información suministrada por los mass media. Nuestro juicio moral y hasta nuestro sentido común , se nos enseña tácitamente, son desatinos felizmente corregidos por leyes que, cada vez mas, colonizan nuestras vidas a la par que abonan nuestros miedos.
Porque el Leviatán desea, como el Gran Inquisidor descrito magistralmente por Dostoievski , nuestro «bien» incluso contra la naturaleza , también la nuestra, mucho antes de que nos olvidáramos de su esplendor y plenitud hasta considerarla, como hoy, una especie de lastre o un juguete roto a reparar.
Javier Estangüi Ortega
Ahora es muy difícil para los que han defendido una postura extrema sin la suficiente base «científica», echar marcha atrás… sólo les queda una huida hacia adelante. Reconocer el propio error es de valientes, y de esos quedan pocos
Si,Blanca, es tal como dices.¿Hasta cuando?