Entre la ciudad si y la ciudad no.

Así títuló el poeta ruso Evgueni Evtuchenko una de sus obras. En la Biblia es Caín quien funda la primera ciudad ,su estirpe proseguirá amurallándola y fortificándola.Abovedada sobre si, la ciudad es la clausura del hombre sobre si mismo, la expulsión de la naturaleza y de los dioses, la exaltación de aquél y la anhelada manifestación de su autosuficiencia con todo el desarrollo de artes y oficios que ésta trae consigo. Representa también el escenario de la retórica y de la política por antonomasia , y el lugar de la lucha por el medro y el reconocimiento social. Sin la tierra ni las estrellas, el hombre habita allí rodeado de utensilios y artefactos, en una suerte de tecnosfera que lo hace sentirse una especie de demiurgo. Mas también, en el relato bíblico, se habla de la Jerusalén celestial, la ciudad que surgirà en la consumación de los tiempos. Porque esa consumación no es pensada como un regreso al Edén, al Jardín primero, sino como una asunción de la historia del hombre.

Y es que la ciudad es asimismo el lugar de la civilización , de lo cívico, de lo civil. Allí, como muestran esas numerosas ciudades antiguas que no se han convertido en Megalópolis, el arte, la delicadeza, la transmisión de un tipo de saber , el diálogo, han encontrado su máximo florecimiento y expresión. Florencia-la ciudad de las Flores-recuerda en su mismo nombre esa anhelada unión donde ciudad y naturaleza se reconcilian. Mas , en realidad , se trata del nombre de un deseo. Entretanto la campiña permanece despreciada y preterida, salvo para los excursionistas de fin de semana, y su saber agoniza en manos de esa prolongación de la ciudad que transforma todo el campo en arrabal o agroindustria. Así pues oscilaremos, como el poeta, entre la ciudad Si y la ciudad No.

Javier Estangüi Ortega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *