Acerca del Arte
Desde la anterior consideración de artesanía a cuanto hoy llamamos arte , pasando por la exaltación romántica de este hasta considerarlo una religión,nuestro tiempo ha ido orillando más y más aquél hasta considerarlo como un juego ,un experimento o un entretenimiento que viene a colmar ese ocio cada vez más dirigido y que no guarda relación alguna con la libertad.
Las visitas a exposiciones, galerías y museos son multitudinarias. El arte, se nos dice, por fin está al alcance de todos. Tanto mas inocúo se ha hecho este, tanto menos guarda vínculo alguno con la vida, tanto mayor es el apetito por degustarlo en pequeñas dosis en las que uno se puede pavonear de haber visitado tal o cual museo, de haber pasado por delante de las obras con la celeridad con que es transportado por una escalera mecánica, sin haberse conmovido ni sentido interpelado lo mas mínimo, hasta el punto que la misma obra se torna irrelevante pese a toda la publicidad con que se la revista.
Tanto mas presume nuestro tiempo, tanto mas exhiben los medios a cuantos hoy se considera como artistas, mas uniformes y estereotipadas son las obras de éstos incluso cuando tratan de llamar la atención con cualquier excentricidad bautizada y exhibida por no pocos críticos como muestras de originalidad y talento .Lo cierto es que cada vez tendremos menos posibilidades de toparnos con una obra de auténtica valía. Desde las llamadas «perfomances»donde la riqueza de medios trata de ocultar lo insustancial del alma ,como una llamativa caja de regalo que no encerrara nada en su interior ,pasando por aquellos que denodadamente buscan un estilo ,sin pasar del estilismo ,para imitarse a si mismos, la aspiración a lo bello se ha convertido casi en un sacrilegio, o en un indicio de buscador de antiguallas. Pues el arte hoy , se enseña y se pregona,debe recrearse en lo desgarrado y debe ser ensayo, vanguardia, experimento. Debe defender la relatividad y validez de cada juicio para evitar ser puesto evidencia.
Lo cierto es que el cultivo del gusto brilla por su ausencia, como también el artista que no busque seducir , sorprender o trastocar la percepción como si el espectador hubiera ingerido un alucinógeno. Y todo con tal de no reconocer su impotencia, su incapacidad para dar voz al hombre y apuntar a un sentido capaz de recuperar y vivificar el mundo simbólico, sin el cual todo se puede remover y agitar sin que nada suceda realmente.
Javier Estangüi Ortega