Cópula, gestación y alumbramiento.

Son muchos los mitos que hacen hincapié en la naturaleza andrógina del alma del artista. Erich Neumann , en uno de sus libros en que trata de la creación artística , menciona como el artista está constelado tanto por lo solar, símbolo de lo masculino, como por lo lunar, símbolo, a su vez, de lo femenino. La psicología profunda interpreta esta simbología como la relación entre la parte consciente de la psique y el inconsciente. La obra de arte es el fruto de este hierogamos o matrimonio sagrado entre estos polos de la Psique. Tal unión ha sido representada en la alquimia, como nos hizo ver Jung, como una cópula entre el rey y la reina.

Pero a la cópula le sigue la gestación, nunca sujeta a un plan y siempre incierta. El desarrollo de la obra remeda siempre el crecimiento orgánico, con sus sorpresas y sus ritmos ,nunca sujetos al tiempo lineal de Cronos, sino a esos momentos únicos regalados por quien los griegos llamaron Kairós.

La gestación de la obra, aún las que obedecen en su nacimiento a un encargo, como los cónyuges que planifican el momento de tener hijos, no se desarrolla nunca como desea el artista. Como tampoco el aún nonato será el resultado de la proyección del deseo de los padres. Con todo, para volver a la obra de arte, el artista se enfrenta a dos peligros : encallar en la rigidez de lo mecánico por querer que todo esté en sus manos y el que la obra , por contra , carezca de forma por entregarse únicamente a esa pretendida espontaneidad que suele acabar en lo amorfo. En el primer caso aquella carecerá de vida y de sangre. En el segundo no será mas que una amalgama sin armonía , como los restos de un naufragio. En el primer caso la forma será una especie de corsé que no dejará a la obra respirar ;en el segundo se sumirá en lo caótico e indiferenciado. Dos formas de muerte, según nos hizo ver Neumann:la petrificación y la disolución . La vida y la obra están siempre expuestas a convertirse en estos dos tipos de materia cadavérica.

Finalmente el niño, la criatura o la obra- los artistas emplean frecuentemente estos términos-corona y viene al mundo. Los padres contemplan al retoño con extrañeza y amor a un tiempo. Parece mentira ,parecen decirse, que ese ser que tienen ante si, sea el fruto de su unión. Lo mismo le sucede al artista. Contempla la obra y esta le asombra. «Aquí -barrunta – ha habido algo mas que un nombre y una voluntad», parece decirse en su interior. Ese algo mas se llama tradición, naturaleza y misterio. Aquí se han unido los antepasados, el ego y lo que los griegos llamaron Musas, denominado posteriormente «espíritu», el cual siempre sopla donde quiere , y al que finalmente la psicología profunda rebautizó con el mermado nombre de»inconsciente».

Javier Estangüi Ortega

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