El eterno femenino
«Allí donde estaba ella, allí estaba el paraíso», rezaba el epitafio de Eva, en la obra de Mark Twain «Diario de Adán». Aquí Eva era, en realidad, una referencia a la mujer del propio escritor. Diótima fué la que reveló a Sócrates los misterios de Eros. Y Diótima se llamaba también la mujer a la que canta Hölderlin en el Hiperión. Sabemos que Goethe exclamaba al brindar:»!Por el eterno femenino que nos empuja hacia delante!». En su Fausto hay referencias inovidables al reino de las madres.
Jung afirmó que en los momentos de crisis profunda la Humanidad siempre ha apelado al eterno femenino. Un discípulo suyo escribió un hermoso libro sobre el arquetipo de lo femenino :»La gran madre». ¿Y que decir de poetas como Petrarca o Dante, el cual tras la muerte de Beatriz y luego del abismo por el que estuvo a punto de caer confesó que lo habían salvado la señora Filosofía ,el amor a Sofía, la sabiduría, y el recuerdo indeleble de la amada muerta?.Hasta tal punto que en la Vida Nueva ,al recordar su vida a punto de estragarse ,escribe :»la visión de su rostro me sostuvo».En los arquetipos descritos por Jung de Eva, Helena, Sofía y María, representaciones respectivas de lo telúrico, la belleza, la sabiduría y la piedad, los hombres han encontrado siempre una guía iniciática a los misterios de la naturaleza, del Eros, de la sabiduría y de la compasión.
Conocemos los estragos causados por ese pánico encubierto que desprecia a lo femenino considerando a la mujer como tentadora , o la idealiza en demasía, tanto que la priva de cualquier posibilidad de encarnación.
Hoy, sin embargo, las heridas no provienen de la idealización, sino mas bien de esa mentalidad que convierte todo en objeto de consumo y uso y deserta ante el misterio tanto de lo masculino como de lo femenino, o considera las relaciones entre ambos como una contabilidad recíproca en las que todo salta en pedazos ante la mínima adversidad y donde la separación planea ya como una sombra amenazadora desde el comienzo .
No se trata de alentar a nadie a que soporte lo intolerable. Al violento, que quisiera hacer del amor una posesión, hay que recordarle que el amor nos desposee para enriquecernos. Al zafio ,obstinado en hacer de la línea recta la distancia más corta entre dos personas, hay que recordarle que hay lechos donde se entrelazan dos cuerpos , dos historias, dos heridas, dos anhelos, dos reinos, y nadie sabe donde principia ni donde acaba cada uno. «¡Tengo tanta soledad que darte!», canta el poeta.Si. Y también ¡tanta plenitud!. Al frívolo y al temeroso , incapaces de entregarse, hay que recordarles aquello que, en la vorágine de este tiempo , donde rige ante todo la voluntad de lo efímero , escribió Gustave Thibon:» La vanidad huye, el amor excava».
Javier Estangüi Ortega