Sobre las ideas

Sean cuáles sean las interpretaciones que se han dado acerca de la filosofía de Platón , parece innegable que para el gran filósofo la disposición a la filosofía procedía de la contemplación y del asombro ; y quiénes se entregaban a ella anhelaban alcanzar las ideas supremas del Bien y de la Verdad. La época moderna, Heidegger lo señaló, consideró que el origen de aquélla estaba en la duda y en la actividad crítica. Descartes buscaba ante todo «ideas claras y distintas». Mas tarde, el llamado siglo de las luces, entendió la razón como una luz natural que expulsaba o desenmascaraba cuanto yacía oculto en la oscuridad e impedía la emancipación de los hombres, ante todo los prejuicios, creencias y supersticiones que , a su juicio, servían para tiranizar los espíritus. El Romanticismo, al entronizar la figura del genio exaltó las ideas de «creación» y «originalidad». El peso otorgado a lo objetivo se desplazó hacia la creciente importancia concedida ahora a la subjetividad. Actualmente , se escucha cada vez con más frecuencia que las ideas han de ser «potentes». De la verdad a la claridad y distinción y de éstas a la originalidad ,y ahora a la potencia , median abismos. La Física define la potencia como una relación entre el trabajo y el tiempo. Si cometemos el dislate de trasladar, manifiesta o subrepticiamente , esta visión a las ideas no resultará otra cosa que no sea la exaltación del dominio y del poder, aquéllos resortes que enervan las emociones y ofuscan el juicio de los hombres. Justo la propaganda, es decir, cuanto no puede alcanzar el rango de «idea».

Javier Estangüi Ortega

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