Twitter

Decía Braudillard que la comunidad ha sido reemplazada por la comunicación. Una comunicación donde el otro tan solo está presente en efigie. Hace años está última va siendo remplazada por esos mensajes de no más de 140 caracteres llamados «tuits» donde cada cual se convierte en cronista de cuántas ocurrencias y banalidades pasan por su cabeza o realiza en cada momento del día. La narración o el diálogo sobre nuestra propia existencia o la del prójimo se va transformando, merced a Twitter, en una crónica de hechos donde cada cual, como Narciso , se muestra a si mismo para que todos sepan cuanto hace o se le ocurre en cada instante. La ilusión de relacionarse se debe simplemente a la inmediatez con que se suceden los mensajes más que a una cercanía real en la cual la presencia del otro nos comprometiera, nos espetara o nos llevará a lo mas hondo de nosotros mismos. Twitter nos permite simular una presencia siempre ausente sin que miradas, silencios o gestos nos delaten y, también, convertir lo más trivial e insignificante en un acontecimiento digno de ser conocido por los demás.

Nada tiene de extraño el que se resienta la escritura y sea cada vez más extraordinario el leer algo redactado con estilo o encontrarse con uno de esos conversadores capaces de deleitar con su ingenio y su forma de relatar. Nicholas Carr escribe que en «Twitterlandia la pregunta más importante de todas es ¿Que haces?.».El pensar, el contemplar, están excluidos de antemano. Y naturalmente las respuestas no suelen ir más allá de la ostentación de trivialidades en ese estilo del periodista dando las noticias de última hora, por no decir minuto, de cuanto experimenta ese yo, príncipe de nonadas, que jamás responderá a esa pregunta con una confesión como :’me siento vacío y por eso trato de evadirme relatando cada momento de mi vida » o «no me soporto a mi mismo por eso mi pretendida comunicación no es mas que el ruido con el que encubro mi profundo malestar» o, tal vez, «temo no existir realmente y esa es la razón por la que necesito mostrarme a todas horas».

El ave de Twitter es un pájaro de mal agüero.

Javier Estangüi Ortega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *