La dictadura de la mediocridad
Sabido es hasta que punto el mediocre, siempre ojo avizor por quien pueda ponerle en evidencia, sueña con construir un mundo a su imagen y semejanza para lo cual precisa, claro está, orillar a las personas de valía. Así se opera una especie de selección inversa en virtud de la cual auténticas nulidades cuyas únicas cualidades son la adulación ,la carencia de escrúpulos y ese instinto del oportunista de ir siempre a favor de viento, gozan hoy de una preeminencia tal que el caráter y los principios, la inteligencia y la personalidad, el amor por la verdad y la resistencia a comulgar con ruedas de molino son vistas como rarezas de puritanos o debilidades de quiénes aún no han aprendido que lo único que merece la pena en este mundo es la sinecura, el cargo, la notoriedad , el peculio o la conquista del poder al precio que sea. Las causas que han llevado a esta penosa situación son múltiples y se retroalimentan mutuamente. Destaco las que me parecen más relevantes:
- La degradación de la educación, subordinada al politiqueo y a una secta de pedagogos preocupados por cómo «aprender a aprender» y cuyo resultado ha sido no aprender nada. Omito hablar de esa Neolengua creada a tal efecto que bautizaba a los recreos como «segmentos de ocio» . El resultado según todos los informes es que nuestros alumnos no saben leer bien ni escribir, apenas leen, no son capaces de concentrarse en las clases , son adictos a los videojuegos y a los teléfonos móviles.
- La exaltación de la banalidad a través de los mal llamados «medios de comunicación». Para no mencionar todo tipo de programas en los que el chismorreo, la desvergüenza , la impostura, las bocas sucias y los arrebatos ,fingidos o reales, de auténticos adrolleros de su propia personalidad son exhibidos como muestras de sinceridad y ausencia de prejuicios. Personajes de los bajos fondos ,cuyo único mérito es salir por la televisión, ocupan hoy buena parte de las noticias de los diarios.
- La degradación de la carrera administrativa debido a la politización de la misma. Los partidos políticos de uno y otro signo, que no nacen de la sociedad civil sino que son alimentados por el estado, han colonizado aquèlla y, con objeto de colocar a los suyos en puestos de relevancia, no han tenido empacho en sustituir los báremos de idoneidad, competencia y mérito por los de afinidad ideológica y pertenencia al partido. Muchos son testigos de hasta que punto una simple entrevista contaba mas para desempeñar un cargo que el currículum de los candidatos. Por otra parte la carrera judicial, la carrera docente y la carrera militar, han sido sometidas a una arbitrariedad sin precedentes.
- La disolución de la tradición. Una tradición denostada por ser identificada con el franquismo pese a ser obvio que venía de mucho más lejos. El vacío dejado por ésta y que en realidad era una resistencia a la moda y al consumismo desenfrenado, ha sido ocupado por la impulsividad del niño mimado y un egocentrismo sin ego.
- El sistema político. La ausencia de separación de poderes y la falta de un auténtico sistema representativo han hecho que se forme una oligarquía de partidos cuya suerte corre pareja con la falta de democracia , la componenda y la cooptación, medios idóneos para promover la fidelidad a quien reparte cargos o elabora las listas electorales y así suprimir al disidente o a quien aún conserva el coraje y la dignidad de pensar por si mismo.
- Todas estas causas se retroalimentan por lo que tal vez modificando una de ellas se pudiera modificar el resto. Y esa es hoy una de las pocas esperanzas que tenemos quiénes nos negamos a mirar para otro lado o a tomar partido por una de las baratijas que la propaganda nos ofrece como joyas.
Javier Estangüi Ortega