La nueva «normalidad»

«Neohabla» llamó Orwell a ese lenguaje recién creado cuyo propósito era subvertir ,blanquear u ocultar, las relaciones entre las palabras y la realidad de las cosas. Nuestro mundo hace tiempo que ha rebasado lo ideado y denunciado por Orwell en «1984». Así los ministerios de guerra pasaron a llamarse «Ministerios de defensa». Se podría elaborar un relato acerca de la manipulación de los seres humanos que tuviera tan solo como objeto de estudio los cambios habidos en el lenguaje. Podríamos reparar en que, a medida que el poder se ha acrecentado, y apenas ya precisa de legitimación alguna, hemos pasado del eufemismo al oxímoron. No hace mucho experimentamos como las prostitutas eran rebautizadas como «señoritas de compañía», los porteros como «guardias de fincas urbanas», los policías como «agentes del orden público», la propaganda y los anuncios-esa menesterosidad de los ricos, como escribió Chesterton- fueron denominados «consejos publicitarios». E incluso al hecho de bombardear un territorio se denominó»peinar la zona», al lugar donde se libraba una guerra,»teatro de operaciones» y a las víctimas civiles de ésta «daños colaterales». Asimismo la práctica del aborto fue rebautizada como «interrupción voluntaria del embarazo» y los sanatorios psquiátricos como «centros de salud mental».

Nuestro tiempo ha ido más allá. No hace mucho empezamos a escuchar al principio con estupefacción y paulatinamente,merced a la repetición y la propaganda, con cada vez mayor resignación, la divisa con la que el nuevo régimen celebra su proclamación,»Nueva normalidad»se llama a la criatura ,o mejor dicho, al engrendro. Decir nueva normalidad es tanto como decir «círculo cuadrado» o «guerra pacífica». Pues la normalidad se define precisamente por la reiteración de un orden habitual que en modo alguno puede ser nuevo,salvo, claro está, que se trate de otra cosa muy distinta y bajo el velo púdico de la normalidad quiera ocultar su auténtica faz. Y la realidad es que el rostro real que cubre el velo de este nuevo engendro, aquello que desean con voracidad y avidez quiénes realmente quieren mandar «urbi et orbi», es convertir nuestro mundo en un campo de concentración y un laboratorio, donde nosotros seamos las cobayas. Un campo de concentración a la altura de nuestro tiempo; es decir, con toda clase de objetos de consumo, y viajes y aventuras diseñadas por toda clase de expertos, pero sin libertad alguna mas que la de elegir entre marcas diversas. Un laboratorio en donde los aprendices de brujo y sus siniestros mecenas liberen fuerzas demoniacas a nuestras espaldas para mas tarde ofrecerse como nuestros salvadores. Ahora reparamos en hasta que punto los vencedores de la segunda guerra mundial han erigido al derrotado, a Hitler, como su maestro póstumo, y han copiado y perfeccionado todos sus métodos. Ser conscientes de esto es nuestra mejor vacuna.

Javier Estangüi Ortega

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