Historias que invitan a pensar (72). Dos interpretaciones sobre el Quijote.
En una de sus excelentes obras «Après l’Histoire», Philippe Muray menciona dos interpretaciones disparatadas sobre la obra de Cervantes. La primera se basa en un relato de la escritora cubana Zoé Valdés , quien recuerda de su adolescencia a un profesor de literatura que imponía a sus alumnos una interpretación marxista del Quijote. Según tal sectario Sancho Panza representaba al proletario. Los molinos de viento al imperialismo, y Don Quijote , al Che o a Fidel. La escritora en ciernes, herida en su alma por tal sopor reduccionista, hacía novillos yendo a refugiarse a la playa.
Hoy tal interpretación nos parece descabellada e hilarante, más existen otras del mismo jaez que nuestro tiempo alienta y toma en serio. Así Dominique Fernàndez, corto y perezoso, defiende que, en realidad, deconstruyendo ,que es gerundio, el Don Quijote es una farsa sutil y una admirable parábola acerca de la homosexualidad. Una burla a la prohibición del acto nefando en aquél tiempo. Así , según está lumbrera capaz de » queerisar» susodicha obra, el hidalgo no ama realmente a Dulcinea. ¿ Desean una prueba fehaciente?. Cuando Sancho presenta la campesina al caballero , está expele tal olor a ajo que Don Quijote padece una profunda repulsión. De tal historia el autor infiere no la aversión del caballero andante por el aliento maloliente de la señora, sino por la mujer en general. Asimismo,los látigazos que Sancho se propina en las nalgas poseen » una evidente connotación libidinal», remata el autor de marras.
Cuando Zoé Valdés nos recuerda su sopor, hastío y desasosiego ante el primer reduccionismo nos reímos de sus desventuras. Y hasta alentamos a la burla y al descrédito de tal poseso ideológico. «Cuando escuchamos a Dominique Fernández- comenta Muray-» desvariar en el mismo estilo, sentimos que es aconsejable ponernos en guardia…El terror específico de la época actual consiste en esta diferencia».
La época actual para ampararse de toda crítica realmente profunda, secreta sus propios disidentes y contestatarios. Muray, ya en 1998, los caracterizó de manera inolvidable. Menciono algunos de sus rasgos :» objetores de sustitución, rebeldes de reemplazo, sucedáneos de perturbadores, sediciosos de síntesis, agitadores honorarios, amotinados postizos, vociferadores de repuesto, indignados semi-oficiales, actores de disturbios gubernamentales, revoltosos temperados, energúmenos ministeriales,etc.»
Estos, que hoy se presentan y jactan como abanderados de la libertad, son en realidad sus peores enemigos.
. Javier Estangüi Ortega
.