La verdad desnuda

Cantantes, atletas, actores de todo pelaje exhiben sus cuerpos casi como su madre los trajo al mundo. Se insta a la » transparencia» y la » desnudez» ,tanto del cuerpo como de las emociones. Promocionados escenarios, escaparates y pasarelas de confesiones públicas donde se recrean sin recato toda suerte de traumas, complejos y vejaciones, tanto reales como imaginarios. Confesiones que otorgan siempre a los protagonistas de las mismas la condición vitalicia de víctimas -y las confieren derechos por lo visto inexcusables-,más jamás la de verdugos, e incluso , en ocasiones, con efecto y valor retroactivos , les permite colgarse la medalla de abanderados y pioneros de toda clase de libertades y, de paso, solicitar la compasión ( hoy se dice empatía para evitar la palabra nefanda), reemplazando capacidad, mérito y virtud por la acreditación a la asociación, filial o partido de turno. En realidad , atajos que conducen siempre al medro y la sinecura. Héroes y heroínas casi siempre a mesa puesta y a toro pasado , cuyo valor es gemelo de la lobotomía y el conformismo pregonado por gobiernos , redes y canales. Jardines de infancia emocional donde las llantinas , los hipos y eruptos se convierten en el único criterio. Su santo y seña bien podría ser :!¡ Recupera al bebé interior!». Rebeliones de » adultescentes» contra el pasado para ocultar la ciega servidumbre al presente. Mas la palabra » virtud» , no hay que olvidarlo, procede de » coraje».

En ese destape generalizado de desnudeces expuestas por los flamantes y laureados campeones de la libertad. En esa utopía nudista de » transparencia» y » desnudez» , tan sólo una cosa está proscrita y en breve será considerada » delito de odio»: la Verdad Desnuda.

. Javier Estangüi Ortega

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