El partido de la decencia
Es sabido con que énfasis apeló Orwell una y otra vez al, por el denominado, «partido de la decencia». Sin ánimo de decir la última palabra, pues pertenece al partido de la decencia no proferirla , mencionaré las que serían hoy, a mi juicio , algunas características del mismo.
-El partido de la decencia no excluye ni fomenta el odio. No practica el guerracivilismo ni confunde el logro con el medro. No sigue la vieja consigna » Divide et impera». Reconoce los conflictos mas no siembra guerras. En el hay jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, trabajadores y empresarios.
-El partido de la decencia no se befa del saber ni se jacta de la ignorancia, evita como una peste la zafiedad , la chabacanería, la ramplonería. No confunde la espontaneidad con el acto reflejo ni con el desahogo pulsional; ni a la libertad con la gana. Evitará lo plano, lo rectilíneo, el lenguaje empobrecido y violento del autómata desalmado ,el burócrata, el mercachifle y el propagandista. Por contra cultivará la metáfora , la parábola, el símbolo y el sentido del humor, inequívocas señales de la inteligencia.
-El partido de la decencia evitará el patrioterismo rancio y la mendicidad del europeísta acomplejado. El conocimiento real de la propia historia y el cultivo de la lengua materna son condiciones necesarias para cualquier pensamiento que no sea un trasunto ajeno, un uniforme prêt-á- porter. Da grima ver a nuestros niños desconocer sus raíces y cantar en inglés, convertidos tan pronto en botarates y monos imitadores de la cultura anglosajona. Y da grima ver a los mayores teñirse de jóvenes y así condenar a estos a la orfandad. En la dialéctica generacional el mayor no debe encadenar al joven, mas si fijarlo y frenarlo en ocasiones. En ausencia de esa tensión entre el pasado y lo porvenir se transita siempre de lo mismo a lo mismo. Piénsese en esas puestas en escena de obras clásicas en las cuales se modifica el vestuario, el decorado, el espacio ( y hasta el propio texto) con la excusa de » actualizarlas». Se priva así al espectador de la confrontación con otro mundo desde el cual podría entender mejor el suyo, condenándolo a verse siempre en un espejo.
-Apelar a la separación de poderes, a la reforma del sistema electoral, a la defensa de la democracia, incluso a la libertad- palabra ya manoseada y desgastada-, no será suficiente. Invocar la triada » libertad,igualdad, fraternidad» ,que antaño encendió el entusiasmo, será hoy tanto como enarbolar una consigna disecada. Es al don de si al que hay que apelar. El alma del hombre se pudre y seca como la arboladura de un barco sin botar si no se expresa y da en vida. El ser humano sólo se vuelve mezquino y egoísta cuando se la priva de la entrega a algo noble y bueno y hermoso.
-Esta vez no nos llamará un megáfono, ni una sirena, ni una red , ni una pantalla. Ni siquiera el hermoso sonido de las campanas. Será la estrella del acto generoso , el bajo continuo del alma. En silencio, sin proclamas ni espejos. Dando cada cual lo mejor de si. No es la hora del quejumbroso. Ni del exhibicionista. Ni la del militante. Es la hora del amante.
Javier Estangüi Ortega