Historias que invitan a pensar ( 59)

» Entonces el corazón se me paralizó y me traicionó,pues hizo fluir toda la sangre a mis mejillas. Enseguida otro rápido beso abrasó mis labios. Yo abrí los ojos lanzando un grito de espanto; pero entonces cayóme sobre ellos algo de sedeña suavidad- un pañolito-, cual si quisiera proteger mis ojos contra el sol. Un momento después ya se había ido. Sólo pude percibir ya el rumor apresurado de sus pasos, que se alejaban. Me había quedado solo…y un extraño y dulce silencio, que parecía emanar del solemne sosiego del paisaje, iba serenando poco a poco, con suavidad infinita, mi alterado corazón. Pero mi alma toda empezó a sentir una raramente vaga y gustosa nostalgia, cual si viese algo que nunca había visto, cual si de pronto se hubiera despertado en ella un anhelo. Temeroso y henchido, sin embargo, de alegría, empezó mi corazón a adivinar algo misterioso…Y de pronto dilatóseme el pecho como si me lo horadasen…, y lágrimas y lágrimas venturosas, fluyeron de mis ojos. Me cubrí la cara con las manos y, temblando como una brizna de hierba, entreguéme indefenso al primer conocimiento y revelación del corazón, a la primera ojeada, confusa todavía en mi naturaleza de hombre. En aquel instante terminó mi infancia.» ( Fiodor Dostoyevski.» El heroicito. Ed Aguilar. Obras Completas ,tomo IV).

No conozco relato alguno comparable para describir la quemazón, el estupor, el asombro y el misterio del primer descubrimiento del amor. El destierro irrevocable del mundo de la infancia se caracteriza por tres descubrimientos: la visión del niño que por vez primera se contempla y extraña de si mismo ante el espejo , la quiebra del mundo sólido y repleto de evidencias en que reposaba aquél , y el descubrimiento e irrupción, casi siempre tempestuosa , de Eros. ¡ Qué diferente lo narrado por el escritor con respecto al precipitado, gris, programado y sórdido rapto de Eros que hoy distribuyen los proclamados sexólogos como enseñanza a los niños! Entre uno y otro media el abismo entre un inesperado y maravilloso rito de tránsito y unas instrucciones técnicas. Entre dioses y segregaciones u hormonas. Entre la magia y el cálculo, el sacramento y la conexión, el diamante y la baratija, lo humano y la máquina.

Javier Estangüi Ortega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *