Donde dije digo, digo Diego
En esa perpetua mascarada y carnaval en que se ha convertido , casi sin excepción, esa conspiración contra los pueblos denominada hoy política , husmeadores y ventorreadores de peculios, cargos, peanas y sinecuras, a la voz de sus amos; ávidos de la pitanza recibida por prostituir su alma ( en la que, para su bienestar, no creen); temerosos del rayo del poder que no podría desgarrar su corazón pero si sus bolsillos, en un ejercicio sin igual de ilusionismo y contorsionismo mental, nos quieren persuadir de que los halcones son en realidad palomas, el interés, el ideal ( el de no apearse del machito y seguir en el momio), y los centros de reclutamiento psíquico – periódicos, redes, radios y televisiones, casas de juventud y ciudades jardín.
» No se trata de elegir entre mantequillas y cañones», sale al quite de la crítica uno de los Tartufos de vocación requisando,para tergiversar ,la famosa dicotomía del manual de economía de Paul Samuelson; seguramente apuntado por uno de esos asesores a soldada, incapaces, como el, de cosechar nada propio. Sus corifeos, expertos en cabalgar contradicciones, es decir, tragarse sapos y reducir disonancias cognitivas, gigantescos trechos del dicho al hecho,cuyo principio fundacional bien podría ser :» que un principio no te chafe un chollo», hacen mutis por el foro para disimular o bucean entre dos aguas. Son verdaderos contorsionistas de la inteligencia:» donde dije digo, digo Diego». Y se aprestar a tragar con el aumento del derroche en armamento invocando la defensa de la integridad de Ucrania. ¡Y eso en boca de quiénes cuartean su propia nación!. Su desvergüenza les lleva a reclamarse descendientes del árbol genealógico de Jean Jaurés, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht cuando, en verdad, son las figurantes o «prima donnas» de los traficantes: de armas, de dinero, de mentiras.
El libro de Anne Morelli:» Principios elementales de propaganda de guerra» es un excelente antídoto contra el veneno que a diario se nos suministra.
Javier Estangüi Ortega