Ante el mar

Inmenso abismo espejo, espacio desnudo, tiempo danza y pulsación. Ante tu vastedad y tu cadencia el citadino, habituado a los muros y las calles, a los relojes, la irrequietud y el tráfago, no puede sostenerte la mirada, no puede ser. Porque tu, como el cielo o como el bosque, nos recuerdas nuestra deserción, nuestra errancia y nuestro destierro. Espetas e interrogas por eso te contemplamos fugazmente. «¿ Qué será de ti?». No nos anegues con tu hondura. No digas cual es nuestro naufragio. Llévate el enigma aguas adentro .Deja que inventemos malecones, diques, rompeolas, espigones, puertos, para permanecer en tierra. Ahora nos daremos a la imposible tarea de olvidarte. El cielo está en los ojos. Los bosques en lo más recóndito del alma. Tu en los cuerpos que se esculpen, en la cadencia del violonchelo, en la incesante llamada del oído caracola.

Javier Estangüi Ortega

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