Historias que invitan a pensar ( 57).
Jean-Luc Porquet, en una aguda obra consagrada al estudio del pensamiento de Jacques Ellul «Jacques Ellul ,l’ homme qui avait presque tout prévu», relata el caso de los tomate híbridos F1 ( así llamados). » Para que no sufran heladas, viento o falta de sol son criados en un invernadero donde un ordenador regula su temperatura. Para que no padezcan de las enfermedades procedentes del suelo se los coloca sobre un soporte inerte , generalmente de lana de roca, por el cual pasan diariamente casi cinco litros de líquido nutritivo, aportando a cada planta, gota a gota, su ración de nitrógeno, potasio, cálcio, magnesio, sulfatos, oligoelementos,etc». Para que su forma sea de una redondez casi perfecta y su color sea vívido , estos tomates son el producto de hibridaciones. Han conseguido prácticamente eliminar las variedades clásicas. Pueden permanecer duros como la madera, según dice el autor, durante tres semanas tras su recogida. Son llamados tomates «long life», a los que mayoristas y propietarios de supermercados no se cansan de alabar por sus extraordinarias propiedades-forma, color, duración- , mientras los exhiben en los mismos. Mas aquéllos tienen un grave defecto: son insípidos. Por esa razón los investigadores se están aplicando actualmente con celo para dar sabor a los mentados tomates » high tech».
Al leer el relato sobre los tomates híbridos he pensado inmediatamente en los proyectos del transhumanismo. Hombres despojados de raíces y cielo, como los tomates. Criados a la carta merced a la ingeniería genética. De cuerpos «perfectos» y aspecto vigoroso. Alimentados con transgénicos y propaganda; supervisados , como los tomates,por sofisticados programas de vigilancia y control. Adheridos y asistidos por innumerables artefactos y prótesis,mas,sin alma, sin sabor, también como los tomates. Cubierta la tierra-tal vez por placas solares- tapiado el cielo-encienden las luces y apagan las estrellas-, sin pasado ni otro horizonte que no sea la continuación de lo mismo. Confinado el hombre en un tiempo vaciado, distraido por mil pseudovariedades, artefactos y sonidos, mudo, ciego y sordo a la voz de su interior y del mundo. Insípido en su ser y existir , como los tomates. Ignorante de que «saber» etimológicamente procede de «saborear».
Javier Estangüi Ortega