Del niño mimado al fatalista
En su mejor obra :» La indefensión aprendida», Martin Seligman expone las consecuencias de someter reiteradamente a los sujetos a acontecimientos que sean,o ellos crean que son,incontrolables; esto es,independientes de su voluntad. A la postre el sujeto propenderá a creer que sus respuestas son ineficaces. La indefensión aprendida consiste en esa creencia. Tal indefensión se manifiesta tanto en lo volitivo ( disminución de respuestas voluntarias), en lo cognitivo ( dificultad para aprender), en lo emocional ( depresión), como en lo orgánico ( déficit en el sistema inmunológico).
Uno de los aspectos más relevantes de la teoría de Seligman es el de haber mostrado que la indefensión se da tanto cuando el sujeto ha sido expuesto a sucesos traumáticos ( accidentes, duelo por la pérdida de un ser querido, enfermedad,invalidez,etc), como si ha recibido recompensas independientes de su acción ( maná gratuito).
Pues bien, las llamadas » sociedades del bienestar» han forjado demasiados niños mimados. Estos no sólo, merced a la ineducación recibida, han creído que sus deseos y caprichos son derechos, sino que inconscientes de la gravedad de la situación actual, siguen demandado un creciente maná ya escaso con una mano, mientras con la otra enarbolan la bandera de los «derechos del planeta» sin reparar en la aporía en que incurren.
El sectario del progreso creerá siempre, aunque chapotee en el lodo, hallarse en el paraíso. Tanto mas si los «suyos» detentan el poder. Justificará todo y hasta percibirá el hedor como una exquisita fragancia. El niño mimado tiene en común con el la pérdida de la realidad. Mas este será , aún en su ceguera, más difícil de anestesiar. Seligman creía que el suicidio ,la agresión por falta de tolerancia a la frustración o la depresión eran las inevitables consecuencias . Nuestro tiempo ha inventado una nueva vía. El niño mimado dispone del salvoconducto para adherirse sin mala conciencia al conjunto de las víctimas reales y gozar, instalado en su recién estrenado «fatalismo», de una completa exoneración de cualquier deber salvo, claro está , el de quejarse. Puede ser, pues, «reconvertido». La quebrada sociedad de la abundancia ha corregido la palabra divina. «No sólo de pan vive el hombre, también de espejismos». ¿ Y no ofrece uno a cada necesitado?.
Javier Estangüi Ortega