Nuestra ceguera ante la técnica

En el último de sus libros consagrados al estudio de la técnica, Jacques Ellul se preguntaba por las razones de nuestra obstinada ceguera ante muchos de los peligros y estragos causados por tantos artefactos y emplazamientos ; no sólo aceptados por nosotros sin rechistar, sino con tan alborozo de fanáticos que, obnubilado el juicio, despertaban en nosotros sueños-espejismos-, de paraísos inminentes y así, alistados a su causa, sumidos en trance hipnótico, jurábamos con devoción de neófitos combatir de por vida a los «refractarios al progreso».

Mas, ¿ Por qué razón?, se preguntaba Jacques Ellul, nos precipitábamos sin reserva, con fe de carbonero y rostros de embelesados, como posesos e inconscientes miembros de una leva de escuderos de sistemas y artefactos que tan radicalmente han cambiado nuestras vidas. Si orillamos la publicidad y la propaganda de las que somos más conscientes, Ellul menciona cuatro causas:

1) En primer lugar, sostiene nuestro autor, los efectos positivos de una técnica se ponen inmediatamente de manifiesto , mientras que los efectos negativos se reconocen mucho más tarde.

2) Los estragos de una nueva técnica al principio tan solo son soportados por una pequeña parte de la población, mientras sus beneficios son ampliamente difundidos.

3) Salvo en los casos más llamativos al principio los peligros son muy difusos.No es fácil establecer una relación de causa-efecto entre la nueva técnica introducida y sus posibles perjuicios. Y, en la medida en que los inconvenientes son vagos e hipotéticos, la población no se siente » con el cuchillo en la garganta» .» Las ventajas son visibles y ciertas. Los perjuicios difusos e inciertos».

4) Las ventajas, recalca Ellul, son concretas. Los inconvenientes, abstractos.

5) A mi juicio , a las razones apuntadas, habría que añadir la fascinación que, a despecho de muchos sucesos, ejerce sobre nosotros el mito del Progreso. Así, propendemos a interpretar la historia como una especie de flecha en el tiempo y a confundir lo nuevo con lo mejor y verdadero. La novedad nos parece siempre algo revolucionario, es decir, emancipador ( mito de la revolución).

6) Finalmente , somos blanco de tal cantidad de supuestos e inercias acumuladas que si llegará a despertar nuestra conciencia, chocaría enseguida con obstáculos enormes. En primer lugar habríamos de soportar una gran disonancia cognitiva. Habríamos de reconocer la falsedad de nuestras creencias anteriores. Dudar de la » benéfica Providencia» representada por organizaciones internacionales, estados y expertos. Y, lo que no es baladí, recuperar la confianza en nosotros mismos. No entregar nuestras vidas ni a dispensadores de certidumbres y paraísos, ni a duermeangustias, cuyo hacer desbridado multiplicará por mil nuestras desgracias.

No se trata de ser tecnófobo por principio. Si de saber cuanto nos recuerda el autor citado:

– Todo progreso técnico es ambivalente. Los efectos nefastos del progreso técnico son inseparables de los efectos favorables.

-Todo progreso técnico se paga.

-El progreso técnico promueve a cada etapa más problemas- y más vastos-, que los que resuelve.

– Todo progreso técnico comporta un gran número de efectos imprevisibles.

Sería un excelente ejercicio estudiar el entusiasmo con el cual fueron recibidos los ordenadores en las escuelas y los efectos de los mismos años después en los alumnos. Quiénes daban las gracias por » haberse puesto al día» y » entrar con aquéllos en el siglo XXI » ,¿ acaso aún no han aprendido nada?.

Javier Estangüi Ortega

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