Candido turulato

Cándido, quien había cogido gusto a regresar a nuestro siglo de cuando en cuando para comprobar en carne propia las visiones de su creador, especialmente en lo concerniente al progreso; regresó para visitar uno de los centros punteros de la recién decretada novísima inteligencia artificial. A tal efecto le condujeron a uno de esos edificios que tanto le desazonaban e intranquilizaban, pues en su siglo no existía nada similar. Se trataba de una estructura metálica de cinco inmensos cubos asimétricamente superpuestos. Imaginó que el arquitecto tal vez fuera un ludópata y se hubiera inspirado en algunas rocambolescas tiradas de dados en un casino, y !eureka!, las caprichosas musas del «¡hagan juego»!, lo iluminaron.

Rumiaba esa ocurrencia complacido cuando se le acercó un hombre uniformado de blanco de cuya solapa colgaba una tarjeta.

-Es usted Cándido,verdad?.

-Si, he venido desde…

-No se moleste en darme explicación alguna. Se que usted es un personaje histórico, de ficción, como se decía antaño, pues la verdad es que la historia actualmente no nos interesa demasiado, salvo ,evidentemente, en lo concerniente a nuestra creación.

-Y qué han hecho de ella?.

-La hemos deconstruido como todo lo demás. Nuestro empeño está centrado en la creación del post-humano. Pero acompáñeme y véalo usted mismo.

El primer cubo era una especie de museo de los antecesores del post-humano, como le aclaró a Cándido su cicerone.

-Los alquimistas anhelaron el homúnculo . Durante la revolución francesa se habló del » hombre nuevo» con consecuencias de todos hoy desconocidas. El caso es que su empeño fracasó. Los alquimistas de la revoluciones rusa y china persiguieron lo mismo. Ya un tal Nietzsche profetizó el «superhombre». Mas todos erraron en el método. Nosotros somos discípulos aventajados de Galton y las doctrinas eugenésicas. Esto último se lo digo a usted confidencialmente. Salvo estos últimos, más avispados, nuestros precursores dieron por buena nuestra genética y se empecinaron en modificar leyes, moral, costumbres, topando siempre con el muro de la desgraciada naturaleza humana. Sin reparar en que la última fortaleza contra nuestra utopía , la madre del cordero, está en el genoma humano. Alterar este es la tarea para crear el hombre nuevo. En breve produciremos mutantes, replicantes , seres biónicos, cyborgs, madelmans, robocops, maelstroms, digilstroms, nihilstroms. Y cada uno será lo que quiera ser.¡ Tu deseo, tu derecho! , ese es nuestro lema. A medida que hablaba se embriagaba tanto de aquél brebaje neotécnico que comenzó a proferir expresiones sin sentido. Al cabo reparó en la presencia de Cándido de quién se había olvidado y se refrenó.

-¿ Y qué fue primero el huevo o la gallina?.

-La pregunta dejó pasmado a aquél apóstol de la nanotecnología

-¿ Cómo dice usted?.

-Si-aclaró Cándido-,me gustaría saber si primero los hombres se despreciaron tanto a si mismos como para idear tales engendros; o si la construcción de tales engendros los llevó paulatinamente a despreciarse a si mismos. O tal vez, aunque no lo creo, fueran simultáneas la gallina y el huevo.

-!No le comprendo! respondió completamente descolocado el nanotecnoapologista.

-Le creo. ¿Desde cuando la ciencia o la tecnociencia se han comprendido a si mismas?.

Dió las gracias a su cicerone y regresó a su siglo. Y se acordó de la suerte del iluminado de la caverna de Platón en su descensoa aquélla. ¿ Cómo contar eso a nadie sin que lo tomaran por más turulato de lo que ya estaba?.¡ Y más aún llamándose Cándido!.

Javier Estangüi Ortega

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