Un soponcio pedagógico
Cándido, en quien podía mas la curiosidad que la prudencia, conocedor ya de muchas cosas de nuestro tiempo, decidió visitar de nuevo nuestro casi flamante siglo-a pesar de los más de cuatro lustros transcurridos-; pues este no paraba de hacerse retoques » democráticos» para parecer joven, como correspondía a la época.
Ansioso por conocer un instituto, fué a visitar a la autoridad competente a tal efecto. » ¿ Querrá usted decir «centro de enseñanza?,le corrigió con cortesía desdeñosa el responsable de tales visitas brindando a Candido un guía .
A la semana siguiente , según lo convenido, se citó con el guía a la entrada de uno de los «centros de enseñanza». Ambos se presentaron y seguidamente entraron en el edificio que a Candido, contemplado desde afuera, le pareció un almacén,un hangar o una especie de fábrica. Le llamó la atención tanto la pantalla como los altavoces situados en la sala de entrada. » ¿ Para qué son?», preguntó cándidamente al guía. » En los recreos-disculpe-, en los «segmentos de ocio», en ocasiones se me cuela algún palabro antiguo,nos servimos de tales artefactos para poner música estimulante o relajante, dar consejos dietéticos, anunciar la próxima distribución de píldoras y preservativos, salud reproductiva,o divulgar los recientes hallazgos pedagógicos y técnicas de estudio. Por ejemplo, hasta no hace mucho se sostenía que lo esencial de un texto había de ser subrayado en verde en el ebook. Ahora , a través del método «¡ No te lo pierdas!» se ha descubierto que es mucho más eficaz el color arcoiris. Pero vayamos a visitar la ciberaula». Cándido reparó en un cartel situado junto a la escalera.» Escalera» , rezaba aquél. Le pareció absurdo por superfluo,pues todo el mundo a esa edad sabía lo que era una escalera sin necesidad de pregonarlo por cartel alguno. Y así se lo dijo al guía.» Oh- respondió este-se trata de una innovación pedagógica denominada » Marca y remarca» . Verá, la secuencia maestro-profesor- docente- enseñante-facilitador ha de corresponder, como estipula la pedagogía critico-constructiva-creativa, con la secuencia educar-instruir- entretener- aturdir-ludificar versus gamificar. » ¿¡ Ludificar!?.¿ ¡ Gamificar!?.»- exclamó Candido. » Si. Hubo una afiebrada polémica entre los pedagogos conservadores y los progresistas. Los primeros querían conservar la raíz latina «ludus» para referirse al juego; los segundos eran partidarios del nuevo esperanto, el inglés, y prefirieron derivar su palabro del término inglés » game». Afortunadamente llegaron al consenso ,ejemplo de tolerancia, y adoptaron ambos términos.»
El guía pasó una tarjeta electrónica por un código y abrió la puerta de la ciberaula. » Hemos sustituido la antigua polucionante y polvorienta pizarra por una gran pantalla . Basta con deslizar el dedo sobre ella para escribir. Ni papel,ni libros,ni plumas ni bolígrafos. Todo es electrónico», se jactó . » ¿Y aquella cámara orientada a la pantalla?» , inquirió Candido. » Son fruto de los fondos de la UE. Sirven para supervisar tanto las unidades didácticas como al facilitador. Entre nosotros, en ocasiones algunos se exceden, se ven sobrepasados por los nuevos métodos y son incapaces de adaptarse. Hace una semana hubimos de sancionar a uno de ellos. Se le ocurrió decir que un boniato era un boniato y una concha una concha. Es una gran una mácula en su expediente. ¡Mira que desconocer que nuestro tiempo se ha emancipado tanto del principio de identidad como del de contradicción!. Ahora sabemos que todo fluye, como dijo Heráclito, el gran filósofo . Si bien, debido a la represión de su tiempo, se limitó a anunciar metáforicamente tal principio, eludiendo los flujos sexuales, digestivos y hasta neuronales. Uno de sus grandes discípulos Heraclio Fournier fabricó naipes con los que practicamos la ludificación y gamificación junto con simulaciones y juegos virtuales de estrategia. En breve introduciremos la AI para perfeccionar nuestros métodos».
Cándido sintió marearse. Se disculpó y salió de allí ahito de tantas novedades. Tuvo la impresion de que aquél lugar era una fábrica de estultos y sufrió lo que, a la luz de lo vivido, bien podemos denominar » soponcio pedagógico».
Javier Estangüi Ortega
El sistema educativo (que es sistema pero no educativo) es un instrumento del poder para mantenernos «empoderadamente» dormidos, desmoralizados e ignorantes.