Pseudoartistas
Confunden la originalidad con la novedad y la excentricidad,pues ignoran que aquélla hace referencia al origen, a las fuentes donde mana la vida de verdad exenta de sucedáneos. Sus ocurrencias se adornan con lentejuelas, pues buscan el brillo, el aplauso fácil y el relumbrón mas que la verdad y la autenticidad. Cultivan pseudotransgresiones chavacanas, escándalos estereotipados, soflamas de organillero para encubrir su servilismo, su condición de esbirros que les lleva a postrarse de hinojos ante los actuales condottieri de partido ,a pasar el cepillo de las subvenciones con máscaras de héroes.
Se jactan de su libertad ,mas antes de escribir o de filmar ingieren purgativos ideológicos y recitan con lengua de madera sus apolillados catecismos. Empachados de subvenciones y propaganda, consagrados a tópicos, a una vida muelle y a cebar sus cuentas, se sienten revolucionarios por soltar escupitajos a cadáveres; estériles e incapaces de expresar la dicha y el dolor de la vida ni de confrontarse con su mundo.
Si son escritores se refugiarán en la novela pseudohistórica o en un culebrón romántico-social. Eso si, proyectarán sobre el pasado la miopía de los actuales inquisidores. Así ,podrán incluso convertir a Jantipa en una precursora de la ideología de género. Si son cineastas nos inundarán con una especie de género menguado , mezcolanza de guión de fotonovela , reivindicaciones amañadas, empacho sentimental y capillita mental ,sazonados con tacos y zafiedades, pues ,impotentes para acercarse a lo real , han de recurrir al efectismo.
Promueven la endogamía-como tribus ancestrales-, se protegen formando sectas y conventículos. Son conscientes de su medianía por eso han de anunciarse a bombo y platillo como los circos de antaño al llegar a las villas. Para garantizar su «originalidad» y poder dar ratón por león es preciso degradar educación y gusto, alimentar a un público sin criterio alguno, creado a su medida: capaz de confundir un luminoso con una estrella,un anuncio con un hombre.
Javier Estangüi Ortrga
A todo lo que nos viene de lo instituido le hemos de anteponer el prefijo «pseudo».