la sobrecogedora vista oral

LA SOBRECOGEDORA VISTA ORAL

 

         “No cabe un tonto más”, dijeron en la puerta de la sala. Él estaba allí, en el banquillo. Enfrascado en sus cuitas. La meditación era prolongada, como de murria. El complot intrincado. Los tramadores ya habían echado a rodar los títeres. Le acusaban de haber aceptado sombreros de jipijapa, sobrepellices, pajaritas, chaqués de excelente confección y hechura, trajes de prêt-á-porter, de baño y hasta de matachín. Aunque el que mejor le quedaba era el de payaso.

“Antes de apretarles las costuras, tengamos confianza en los presuntos”, dijo el Estado de derecho, buscando un prevaricador. “Lo siento, pero como desde Freud la culpa de todo la tiene el subconsciente, si me pillan, tengo la excusa perfecta”, nos advirtió la Justicia con acento grave y ceremonioso. “Además, hace siglos que intento ser honesta pero no lo he conseguido”, apostilló con un velo de telarañas en los ojos y la voz empañada de emoción. Si no lo oigo no lo creo. Afuera, mezclando alientos, partidarios del desmán y algunos miembros de la chiripitiflaútica corte autonómica trataban de darle ánimos: “¡alegra esa cara, alma herida!”.

“Sabedores somos de que te hacían en Marzo regalos de Navidad. De que transabas hasta la extenuación con los reyes del cambalache. De que aún siendo lo más importante de un traje, buscabas la felicidad en la sisa. Y para mantener el tinglado, como un golfín de tres al cuarto, capaz eras de endeudar a Valencia hasta contigo mismo”, concluyó en meritoria descripción la fiscalía, desvelándonos el decoro de los presuntos. “¡¡No y mil veces, no!!”, “¡¡no y mil veces, no!!”, repetía sin fisuras el inculpado ante nuestras escuchantes trompas de Eustaquio. “Lo ven, está con una mano atrás y otra adelante”. “Y dicho lo dicho, si no hay ruegos o preguntas, cuando el sol se pose en el centro del día, deberían proceder a la absolución del penante”, maestreó a boca llena la garganta jacobina del abogado defensor.  “¡¡Efectiviwonder!!” corroboró un jurado instalado en la bobarquía, mediante escueta nota plagaba de brincos, cabriolas y faltas de ortografía. ¡”Chocáte esa!” dijo hilarante el exculpado a su epígono Costa, como si le hubiera cogido el truco a la sentencia. Pronto supimos que los valencianos, además de paellas, también eran capaces de hacer un pan como unas hostias. Así es España. Unos hacen y otros descascarillan.

Y como hemos nacido para hacer penitencia, en eso estábamos, encomendándonos al poco cielo que nos quedaba cuando vino la extravagante valedora  a estomagarnos el día. Colmada de embustes hasta donde la vista no abarca, amalgamando cosas que se desdicen entre sí, doña Maria Dolores Cospedal García,  capaz de hacer que las palabras no concuerden con el movimiento de los labios, de vagar sin fin ni objeto por el mundo o de servir a todas las religiones sin moverse de la calle Génova, tomó la ocasión e hizo un torniquete donde apretaban los hechos. Luego, envuelta en nubes, con porte de continente (Castilla-La Mancha le parece un cajón), ponía coto al silencio anunciando a bombo y platillo, ergo a tontas y a locas, inconmensurables desagravios para aquéllos encausados que habían sufrido el mayor ensañamiento desde que democracia habemus. ¡A ver si no es para mosquearse!.

Así que sin sacar la tabla de logaritmos, a vuela pluma, propongo que amén de los legítimos recursos de amparo, retención de bulas, fuerza en conocer, queja y nulidad, para rendir tributo a estos dos personajes que tan alto han mantenido la divisa de la Comunitat, es de suyo que les nombremos falleras mayores de Valencia 2012. El evento bien pudiera organizarlo “El Bigotes”. Que lo suyo es algo muy bonito.

 

 

Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España

(Marqués de Bechamel)

 

 

 

 

 

 

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