los Rivel y los Fratinelli

LOS RIVEL Y LOS FRATELLINI

 

         Entre estas dos familias se decide el futuro del P.S.O.E. Ocupado por meritorios de diversa factura, en el IFEMA de las nuevas ideologías y barrocos discursos los primeros planos están reservados a objetores éticos, reses de carril, recortadores del pueblo y electrices capaces para la vida pública. Todos los tomases y demás veceros están acomodados al fondo. La audición es magnífica; el despliegue, de fantasía.

         Al fondo, detrás del orador de turno, en sincronía pareja con la conexión de televisión, apiñados como racimos, una nidada de mozalbetes que bien pudieran tener canas en los huevos avanza como un ejarbe haciendo la ola o sigue con semblante inmaculado la consigna de aplaudir. Salidos de las escuelas de retórica llamadas “casas del pueblo”, estos mozalbetes pueden mentir y dar vivas como nadie. Pero no tienen existencia independiente.

         Obeso, como todos los políticos llenos de promesas, desde su minarete, un homúnculo rico en muletillas maneja a una afición madura para la lidia. Familiarizado con sistemas de notación gesticulares, al referirse a PP semiatenaza los dedos pulgar e índice, ejercicio un tanto dudoso que bien pudiera significar “ni un tanto así”, o interpretarse como emulación de los niños de San Ildefonso al mostrar la bolita premiada. De vez en vez, balancea las nubes como pretendiendo ganar a la fortuna por la mano o acariciar la esperanza. Lleva incardinado en el rostro el insulso sello del partido. Y en estas, llegó Carme.

         Optimista donde las haya, disfrazada de idealista pero pragmática como la que más, Carme es una mujer anuncio. La chispa de la vida. Pronto se desbordaba anunciando adhesiones tan inconmensurables de una en una que no tenían guarismo suficiente, producían calambres en los números enteros y empequeñecían aforos planetesimales. Luego empezó a hablar por los codos. Cito de memoria. “Ausentes y presentes, dadores y tomadores, cucos y cucandas, sobornados y sobornables, lamelibranquios y cefalópodos, espectadores de la prestidigitación, voluble, clientelista y podrido vulgo. Tontos, en fin, de Coria, escuchad: Desde el raigón a los dientes nos hemos superado. Gastar no ha sido fácil. Pero mediante el régimen de nuestras diecisiete franquicias alegres y confiadas, incluso los personajes de ficción se hallan a gusto dentro de nuestras reconocidas a simple vista, fronteras autonómicas. Y se establecen con arraigo en cualquier pelvis. Apuntalando el Estado del nunca pasa nada os ofrecimos nuevos peligros. De un pueblo con andares de cangrejo, chapado a la antigua, replegado sobre sí mismo, de pasiones violentas y hábitos contraídos, hemos hecho un país de ciudades federadas que se lo pasan pipa destartalando la Historia. Sin sacar las cerillas. Sin regañinas puritanas. Sin preadaptación. Y para que no se escapasen las congojas cosimos las autonomías al Estado patrocinador. Palabra de vida”.

         “Y ahí no queda todo. También hemos  protagonizado la fulgurante recuperación del consumo improductivo. Hemos convertido España en un país de salvajes del capricho, en un país que aparece hasta en la sopa. Tan pujante, que incluso los pesos ligeros, concitando el asombro de su siglo, pueden comprar sin dinero. En los reinos del apalancamiento financiero, con alegres comerciantes, devoción mariana y tesón, todo es posible. Ahí tenéis a “Tesonero Romanos”. Pero ahora, para estar en armonía con los patriarcas de occidente, debemos amputar ciertas deudas que no son moco de pavo. O nos van a apretar los riñones. De hecho, nosotros, para ahorrar energía, ya no nos vamos a poner las pilas”.

         “¡Promete algo importante o devuélvenos la esperanza, puñalada trapera!”, dijo un habitante del planeta Lucifer. “¡Y lo que os habéis llevado!”, clamó el conjunto de gente soez que habita en la controversia.

         “Mirad, amigos. Si en algún lugar ha podido haber coimas es porque no es bueno que el hombre esté solo. En cualquier caso pienso acabar con la corrupción. Caiga quien caiga. Aunque caiga un gorrión”. Un pulso agitado gritó algo que acababa en ONES. Esta visto. Basta una palabra para aumentar el número de prosélitos.

         “Para que veáis que va en serio el tiempo nuevo que os propongo, mi programa “Milagros V2.0” desgrana punto por punto lo que no he hecho mas que esbozar. Ya que la democracia nos trajo la libertad de improvisar, que entre esta en juego. Nos especializaremos en eres de artificio y generosidad estadística. Haremos de España un país sin cuestas abajo, sin patologías financieras comprensibles. Apostaremos por las energías limpias, de ahí que vayamos a someter al planeta a un registro ambiental. Reciclaremos hasta el dinero opaco. Crearemos dos millones de puestos de trabajo con todo su ajuar. Y aún me sabe a poco”, realzó chupándose las patillas de las gafas. Que poderío.

         “Vámonos a acostar que la suerte está echada”, dijeron los partidarios de Rubalcaba.

         ““Ayúdanos, Señor, en este trago” dije yo, agarrando por el cuello a una botella de coñac.

 

Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España.

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