Un nuevo sombrero de Gessler:el cinismo

«Una mentira repetida diez veces sigue siendo una mentira, repetida diez mil veces, se convierte en verdad». Parece ser que fué Goebbels quien profirió esta sentencia, por lo demás, uno de los pilares de la propaganda política y de la mercadotecnia actuales.

Existen engaños compasivos como, por ejemplo, el de los allegados y el médico quiénes ocultan al enfermo cuya muerte está cercana la gravedad de su estado habida cuenta de como el propio enfermo, una y otra vez, con palabras y omisiones, desea ignorar la fatal realidad. Se podrá objetar a los primeros el que obran así por su propio interés, mas, sea como fuere, es innegable que su proceder es también fruto de la compasión.

El mentiroso actúa tan solo por su propio provecho. Falsifica la realidad para sacar tajada, bien sea reclamando alguna clase de merecimiento, bien sea eludiendo la responsalidad por algún acto u omisión. Mas no niega la verdad. En su fuero interno puede sentir ese malestar que va desde la turbación y el desasosiego hasta el desprecio hacia si mismo.

El cínico va mucho mas lejos:niega la verdad misma e incluso trata de persuadir a quiénes le recriminan sus mentiras o promesas incumplidas que tales no tuvieron lugar, y que sus facultades están perturbadas . Para sostener su corrupción ha de hacer creer que lo real, lo verdadero, lo acorde con la percepción y la razón, no son sino trampantojos y espejismos. «¡Ah,¿dije eso?!»,pregunta con sorna como si la falta y el error estuvieran en la memoria de quiénes le recuerdan sus contradicciones . O incluso puede argüir sin inmutarse:»No miento, he cambiado de opinión», como si el reproche dirigido a su indecorosa falta de principios no fuera sino un acto de intolerancia, mientras él hace gala de una flexibilidad de pensamiento de la que carecen sus detractores.

Hannah Arendt, en 1974, declaró lo siguente en una entrevista:»Cuando cada uno miente de forma permanente, la consecuencia no es que no se crean sus mentiras, sino que no se cree en nada». Con un pueblo sometido a tal situación «puedes hacer cuanto te plazca». Estragada su percepción, su juicio y su razón, tal pueblo se hallará paralizado.

Guillermo Tell, inadvertidamente, no se postró ante el sombrero de Gessler. Se sea juez o fiscal , periodista,»conservador»o «progresista»,de «izquierdas» o de «derechas», comerciante, jubilado,empresario, trabajador de una empresa privada, artista, artesano, agricultor, ganadero, pescador, o lo que fuera, si nos postramos ante el nuevo sombrero de Gessler , cuando nos miremos en el espejo no veremos sino la imagen grotesca del cínico: un adefesio moral.

Javier Estangüi Ortega

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