el quijotismo
EL QUIJOTISMO
Si Cervantes tuvo una activa vida política hay que sospechar que su libro El Quijote pudiera contener un mensaje político. Contiene muchos, la Iglesia, la nobleza, la justicia, el poder, la libertad, son sucesivamente sometidos a un lúcido análisis bien preñado de enseñanzas pero, como bien supieron ver autores como Sánchez Albornoz, Ortega y Unamuno, el Quijote debe ser interpretado en clave del “quijotismo”. La tantas veces comentada historia de un viejo hidalgo, trastornado por sus lecturas que, sin saber de sus fuerzas ni del ridículo, se lanza a arreglar el mundo, a imponer el bien, confiado en que, como en las novelas de caballería, el idealismo, el valor y la generosidad triunfarán siempre, y que arrastra como compañero de sus proyectos enajenados a un villano, movido no por impulsos morales sino materiales.
Sánchez Albornoz nos recordará que esos dos inmortales personajes sólo pudieron haber nacido en aquella España, Ortega los contemplará como el inicio en la historia de España del divorcio entre el pueblo y las minorías dirigentes, Unamuno abogará por la “quijotización” de Sancho y con él de todo el pueblo español. Lo cierto es que Cervantes nos muestra al final de su libro que el mal padecido por el Quijote no era locura sino enajenación mental transitoria, y que el personaje regresa a su casa rechazando el ser reconvertido en “pastor Quijotiz”, reconociéndose como Alonso Quijano “el bueno”.
El mansaje de Cervantes parece ser: no emprendas trabajos por encima de tus fuerzas, no intentes cambiar el mundo, quédate en tu casa, administra y gobierna bien tú hacienda y sigue siendo lo que loco o cuerdo siempre has sido, lo que más te distingue, un hombre bueno.
España siempre ha sido pródiga en Quijotes en hombres que contra toda lógica y toda posibilidad toman en sus hombros el destino de sus compatriotas. Solos, sin ayuda, se enfrentan a empresas que deberían ser colectivas, hombres enajenados que dan lanzadas a molinos de viento, hombres intoxicados por sus muchas lecturas, víctimas de la bajeza moral y de la ceguera política de los españoles. La estirpe de los Quijotes pertenece a un pueblo incapaz de organizarse en sociedad civil. Simplificando, gracias a que no hemos tenido sociedad civil hemos tenido Quijotes. A la estirpe de los Quijotes pertenecen Jovellanos, Larra, Costa, Unamuno y Ridruejo…. Albert Boadella podría reclamar un lugar en la lista, pero su figura es más bien una mezcla de Don Quijote y de pícaro.
Francisco Javier Martín Campillo