los destripaterrones
LOS DESTRIPATERRONES
“La reforma laboral va a ser tremendamente agresiva, ñoras y ñores”, les decía el hombre de Goldman Sachs a los dueños del cotarro. Aunque él no lo sabe, es el Harlem de Wall Street, pertenece a esa gente descuidada con su persona pero no con sus bienes, a esos mandarines de medio carácter que cuando les ponen un harén de taxis se envanecen, pero nada más que el riesgo asoma se sienten dominados por el instinto de conservación, especialmente si se juegan algún trampolín. Entonces piensan que cuando la sumisión abandona su tarea, malo. Pero con los débiles son hombres de pelo en pecho. Su especialidad es el fundamentalismo del mercado. Y en vez de compadecerse de su suerte o tomar analgésicos para aliviar el decaimiento, como hacemos nosotros, degustan su crepúsculo antes las eméritas instituciones que tienen a bien traer y llevar las democracias de un sitio a otro. Los propietarios del último euro.
Abundan en Bruselas edificios de palabras, discursos como témpanos, corredespachos instalados en el apriori, catacaldos y trotaconventos para los que el corazón de la economía es una economía sin corazón. De Guindos es uno de ellos. El frio se interpone entre nosotros. Y ahora que ha ingresado en la liga de los insignificantes, las sinecuras también, claro está. Mas estando el castigo divino asegurado, y dado que mi natural no está hecho a muchas efemérides, permítanme que me acuerde de su árbol genealógico. Del centro a la periferia. Que a la pasión también hay que darle su parte en el mercado. Y no le pego dos hostias porque se han interpuesto los sindicatos, que si no… En fin, espero no verle. Quien evita la ocasión, evita el peligro. Lo digo por él, claro.
Cuando escucho como cuelgan el sambenito de todas las plagas del mundo a los de siempre, entonces, se me desatan los vientos. Y el dedo me pide gatillo. Como lo oyen. Se le ocurren unas cosas al demonio… Gracias a Dios que aunque conservo el temperamento español, como soy de buen linaje, abandoné hace tiempo mi natural estilo pendenciero. Ni pretendo abandonar la Cristiandad, que pecado es ya señalado en el Evangelio, ni montar mi Cafarnaúm. Así que únicamente he venido aquí a desangrarme por la mano. Además he de reconocer que durante estos años de crisis, por no hacer, no he hecho ni pis. Pero a mucha gente le ha ido mal. Claro que tampoco estoy para contar penas. Desde el Pérmico al Cenozoico, hasta después de las cruzadas, sería el cuento de nunca acabar.
Como les decía, esos culillos de mal asiento, esas mentes calenturientas que pretendiendo tocar la Verdad se dejan llevar por las fuerzas del Profeta, quieren desandar lo andado. Con una ausencia de recorrido que prefiero no calificar piensan que a los trabajadores en vez de faltarles salario, les sobra mes. La receta, por consiguiente, es bien simple: menos percal, más apoquinar, y los sponsors laborales, cuanto más temporales, mejor. En suma, los curritos vamos a pagar hasta por un monosílabo. A la resultante, de una manera perifrástica, se le llama reforma. Con idéntico rigor podrían decir Prajnaparamita Ratnagunasamcayagatha, faquirismo económico, o algo parecido. Donde esté lo innominado.
Te confías, crees que la economía está inserida en el reino de la virtud, notas los primeros sobresaltos, y cuando entras a cabina a ver que diantre está pasando, es cuando compruebas horrorizado que un mono con una maza pilota el avión. Y luego te quieren embaucar con lo del aterrizaje suave. Por eso, antes de que los emprendedores la emprendan nuevamente con nosotros -que el abismo al abismo llama- , por parte del infrascrito, en cuyo pecho anida el propósito de enmienda desde que amanece, le anticipo sin remilgos al Sr. De Guindos, que por guardar fidelidad a las telefónicas estoy dispuesto a aceptar la cuota de menoscabo que me corresponda. Venga a saco a por mi bolsillo. Tijeretee. Reviénteme la aorta. Yo soy la carne y usted el cuchillo. Y no sólo eso. Sin discutir el cuanto por el tanto, también aceptaría gustoso volver a la vida laboral incluso por la puerta de servicio, como los de CC.OO y U.G.T. Tan conocedor soy de la crisis en ciernes que, como verá, no pretendo ningún puesto en el banquete.
Por si las mocas, que no todo el monte es orégano, aparte de las habilidades que antaño ya portaba, me he formado en pulpo, lacón y carne de Zamora. Para eso nuestra generación es la más preparada de la historia. Aunque en los centros de I+D se esté acabando la ginebra.
Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España
(Marqués de Bechamel)