historias que invitan a pensar 17

Historias que invitan a pensar (17)

Se sabe que el gran poeta Rainer Maria Rilke sufría depresiones y habitualmente, estaba embargado por una gran desazón que apenas lo abandonaba. Lou Andreas Salome, iniciada en el Psicoanálisis, había recomendado al poeta psicoanalizarse para acabar con sus tormentos. Un psiquiatra reputado ya había aceptado hacerse cargo del tratamiento del poeta. Mas Rilke, rechazando el tratamiento, escribe entre otras cosas lo siguiente:”…es mi vocación la que me aleja de esa intervención terapeútica, de esa gran limpieza general que la vida misma nunca hace…Pero créame que, a pesar de todo, nada me impresiona tanto como esta maravilla inaudita e inconcebible que es mi existencia. Una existencia que parece imposible y que, sin embargo, me ha venido salvando una vez tras otra. ¿Puede entender, amigo mío, que el tratamiento a que usted me someta, por aliviador que sea, yo lo tema porque puede alterar un orden muy superior?”. Y en la última carta que le dirige-tal y como lo documenta la biografía sobre Rilke de Antonio Pau-,añade lo siguiente:”…me parece seguro que si me expulsara los demonios, también mis ángeles pasarían (digamos) un pequeño susto, y compréndalo usted, eso es justamente lo que no debe ocurrir”.

Rilke sabía que la fuente creadora se alimenta del misterio y que analizarla, diseccionarla, es exponerse a secarla. También sabía que la celebración y el abatimiento, como el dolor y el gozo, suelen estar unidos en un mismo ser y que, la misma predisposición que nos hace caer, nos eleva hasta lo más alto. La huida del sufrimiento a cualquier precio, la narcosis, impiden el viaje del alma. La expulsión de los demonios, como lo expresa Rilke, no asusta a los ángeles tan sólo por la imprecisión de cualquier intervención, sino porque ambos forman una unidad cuya razón de ser quizá no entendamos, mas el artista acepta. Privilegio suyo no es rebelarse contra su destino, rehuir ni extirpar el dolor sino, en una suerte de alquimia buena, transmutarlo en canto. ”Soy un gran canto”, dijo el poeta de si mismo. Y lo fue porque acepto el peso y la gravedad de cuanto le había sido dado.

                                          Javier Estangüi Ortega

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